A mis maestros queridos, gracias por participar
en mi proceso evolutivo mental y cognitivo,
por cautivar mi mente y llenar de inquietudes
mi espíritu que son mi razón y mi motivo.
En sus mares de ideas vagas y profundas,
navega el pensamiento sin frontera,
buscando en cada brisa mensajera
verdades que en la mente son fecundas.
Así florece su alma entre las ondas,
del verbo, de la duda y su manera,
de hallar en cada sombra pasajera
razones que iluminan hondonadas.
Mas nunca acaba el viaje del que sueña,
pues siempre hay un misterio que deslumbra,
y así su mente ardiente se empeña
en dar con una estrella que no alumbra,
descubrir su fulgor con luz pequeña
y hacer de su inquietud llama que deslumbra.
A ustedes mis maestros
En la senda infinita del saber,
su mente se alza, ávida y despierta,
persigue luz en sombras encubierta,
hallando en cada duda un renacer.
En libros, voces, sueños por leer,
florece la verdad, siempre encubierta,
y el alma, en su pasión, jamás desierta,
avanza sin temer ni retroceder.
No hay fin en quien la ciencia va abrazando,
ni calma en quien el cosmos va escuchado,
pues siempre el corazón sigue buscando
aquello que jamás fue revelado.
Así su espíritu vive interrogando,
sereno, con su fuego iluminado.
Enrique Canchola
15 de mayo de 2025




























