Hoy cumplo ochenta y uno y aún me siento nuevo,
la piel se ha arrugado, sí, pero no el deseo.
Mis ojos no han perdido su luz ni su anhelo,
y en mi alma aún habita un niño con su vuelo.
He cruzado los mares, he tocado mil cielos,
construí con mis manos castillos y duelos.
No todo fue gloria, también hubo duelo,
pero en cada caída aprendí mi consuelo.
La vida me enseñó que el tiempo es amigo,
que no hay edad exacta para hallar el abrigo.
Aún me emociona un abrazo, un suspiro,
y aún tengo sueños que persigo sin ruido.
Brindo por las veces que reí sin medida,
por los abrazos tibios que curaron la herida.
Cada arruga es un verso, cada cana es vida,
y esta edad dorada es mi mejor salida.
Agradezco el pasado, celebro el presente,
mi corazón no entiende de años en su fuente.
Amo con la fuerza de un joven valiente,
y bailo con el alma más libre que mi mente.
Así que hoy levanto mi copa al destino,
por todo lo vivido y lo que imagino.
Que el alma no envejece si hay sol en el camino…
y yo, a mis ochenta y uno, aún juego como un niño.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta





























