Por: BrendaCarol Morales
Del análisis e interpretación de poemas
Del 20 al 22 de mayo tendrá lugar el VII Encuentro Internacional de Poesía de Sabersinfin, en Puebla, México. Se reunirán muchos poetas —mujeres y hombres— de distintos países. Por supuesto, el encuentro girará en torno a la poesía, los poemas que conforman la VII Antología y el Manifiesto del Saber Infinitista. Por ello, es válido que sigamos platicando acerca de qué implica el análisis e interpretación de poemas.
Tradicionalmente, en las aulas se hace énfasis en estudiar el poema como si se estuviera diseccionando un organismo muerto. Se enseña a hurgar con implacable precisión la forma. Los estudiantes aprenden a contar sílabas y determinar si los versos son de arte mayor o menor. Buscan si la rima es consonante, asonante o libre. Tratan, a veces infructuosamente, de identificar las figuras literarias. Sin embargo, muy pocas veces pasan del análisis a la interpretación. Más bien adquieren la errónea idea de que el poema es un objeto cerrado o sin vida, del cual muy poco se puede abstraer.
Desde esa triste perspectiva, al lector novel le resulta casi imposible dejarse llevar por la riqueza simbólica del poema. Busca con afán la precisión del significado que el autor le da a las imágenes creadas, lo que las convierte en un acertijo con nombre de figura literaria. A lo mejor logra analizar la forma. No obstante, no consigue dar el paso hacia la interpretación de la riqueza de los símbolos, imbuido por la sola idea de la exactitud del análisis.
De allí que resulta necesario tener en cuenta que la forma y el fondo constituyen un todo. Ambos tienen una razón de ser en el poema. Al final, utilizar todos los recursos de análisis e interpretación ayuda a lograr una mejor comprensión y permite dejarse llevar con libertad al diálogo al que invita el autor . En ese sentido, la lectura que plantea Wolfgang Kayser continúa siendo pertinente cuando se busca comprender la articulación entre forma, tono, motivo y visión del mundo en la obra literaria. Incorporarle la mirada de Peirce ayuda a entender cómo producen significado los signos e imágenes. La propuesta de Barthes posibilita detectar las redes de sentido y lectura que activan el texto. Cuando se unen estas perspectivas, se puede llegar a un análisis e interpretación más enriquecido.
Símbolos, memoria y afecto
Con ese enfoque en mente, vamos a analizar los símbolos, la memoria y el afecto que despierta un poema como De la vida, un pájaro, de Sindia María Montoya Marín. El poema aparece en la VI Antología Internacional de Poesía de Sabersinfin. Sindia es colombiana. Nació en Guática, Risaralda. Es administradora de empresas, especialista en pedagogía y licenciada en Matemáticas y Física. El año pasado estudió un máster en escritura creativa. Tiene un poemario publicado: El arma de la palabra.
Con este poema se nota una delicadeza muy particular. Tiene una estructura reiterativa que parece sencilla al inicio. Poco a poco, con imágenes intensas cargadas de memoria, afecto y contacto con la naturaleza, se produce una sensación de reconciliación con la existencia. La sencillez del discurso puede confundir pero, en realidad, hay una voz lírica simbólica e intensa.
De la vida, un pájaro
Por. Sindia María Montoya Marín
De la vida, un pájaro, porque canta,
porque le da alas a los secretos emplumados.
De la vida, el canto,
porque entusiasma los días y seduce los fantasmas.
De la vida, el día
en que se cruzaron las miradas imantadas.
De la vida, los ojos
que, almendrados, lloran las despedidas incompletas.
De la vida, el fruto seco de tus semillas deshuesadas
que comí sin afán hasta quedarme taciturna.
De la vida, las lágrimas,
las que limpiaron las hojas secas de derrumbes inesperados.
De la vida, los amigos
que abrazaron mi diminuta alma perdida.
De la vida, un padre
que canta fuerte una canción para tus sombras.
De la vida, una hija
que te regaló la tierra insospechada.
De la vida, la vida misma
en el agua de la lluvia.
Análisis e interpretación del poema
Siguiendo la metodología kayseriana, se requiere leer con atención el poema. Luego, se busca conectar la forma con el fondo. Se encuentra un poema con una anáfora: «De la vida». La reiteración da al poema un sentido casi ceremonial, con un ritmo como de letanía —litánico, dirían los expertos—, que produce reflexión y un tono confesional. Además, funciona como eje organizador del poema y le da cohesión interna. Al no tener el «descanso o interrupción» de distintas estrofas, se crea una acumulación en donde cada imagen crea una nueva dimensión de la vida.
Por otro lado, el poema está escrito en verso libre y, si bien no hay métrica regular ni rima fija, hay musicalidad interna. Esta surge de las repeticiones, las enumeraciones y el predominio de imágenes sensoriales. Hay metáforas que se irán analizando poco a poco, así como personificaciones. Además, hay palabras que se asocian con naturaleza, afectividad, pérdida, memoria, vínculos familiares.
El poema inicia con la evocación de un ser vivo que puede simbolizar la libertad o el espíritu. Un pájaro es un ser que puede volar y, además, cantar. Es libre, alegre. Al observarlo, él puede hacer que la mente «vuele» y llevarse así los más recónditos pensamientos o sentimientos. Luego, se acumula la idea del canto. La alusión al pájaro cantor hace recordar que cantar ayuda a alegrar la vida y disipar los temores, que aparecen en esta hermosa imagen: «seduce los fantasmas». Los fantasmas no necesariamente se refieren a la imagen o esencia de una persona muerta. En este caso, parecen referirse a ideas o sentimientos que forman parte de un pasado y provocan el recuerdo de sensaciones o sentimientos no agradables.
Con la progresión de ideas tan propia de una reflexión íntima, los fantasmas evocan un momento ya pasado en que dos personas se conectaron al verse. Sin embargo, en la actualidad, los dos ya no están juntos. Esta especie de confesión no surge tanto de la tristeza como de la melancolía. Hay una sensación de algo que quedó inconcluso y eso es lo que se llora.
De la contemplación externa (un pájaro) se da paso a la contemplación interna (el recuerdo de alguien que se fue sin despedirse). La imagen de las «semillas deshuesadas» es fuerte y un tanto extraña, ya que, de por sí, estas son hueso. No obstante, intensifica la idea de la despedida que la voz lírica se vio forzada a aceptar sin entusiasmo, quedando con una sensación de pesadumbre. Esta dio paso a las lágrimas, las cuales no son vistas como síntoma de tristeza sino de purificación y limpieza. El poema expone que la separación y el dolor son intrínsecos a la vida.
La progresión temática se evidencia en los siguientes versos. La vida trajo lágrimas pero también personas queridas, por ejemplo, los amigos, quienes la acompañaron y fortalecieron. Se construye una imagen tierna y muy humana cuando la voz lírica se vio quebrantada y empequeñecida en esos momentos de tristeza, pero sostenida afectuosamente.
En un nuevo plano de intimidad, la voz lírica se introduce a un círculo más familiar y personal. El padre, que con voz potente y protectora, «canta». Nuevamente, cantar es una especie de liturgia que aparta la tristeza. Luego, se evoca a una hija que, sin esperarlo, ayuda a adentrarse en otros terrenos del afecto, tan profundos y a la vez tan distintos a los que se experimentan con una pareja. La mención del padre y la hija confirman que la vida se hereda y se transforma, nunca es estática.
Los versos finales no son un cierre conclusivo. Más bien se vuelve a lo elemental, a «la vida misma» con todo y lo que esta lleva en sí. Hay un ciclo natural en el que las emociones no son eternas. Cumplen su momento y luego se van. Quizá por ello surge la imagen de la lluvia, que puede interpretarse como limpieza y renacimiento. No da la sensación de una lluvia tormentosa. Al contrario, la manera en que se ha desarrollado el poema, evoca una lluvia que se contempla desde la ventana y una sensación de disolución serena del dolor.
El poema se concibe como un inventario afectivo. La voz lírica parece preguntarse: «¿Qué queda de la vida cuando se reduce a lo esencial?». Esto lleva a un ejercicio de introspección personal para evaluar las emociones y vínculos con la vida. Se identifican las emociones y los afectos que moldean las decisiones y experiencias. El saldo es muy esperanzador: ni el dolor ni la tristeza son eternos. Sobre todo, cuando hay afectos que ayudan a superarlos. La voz lírica va seleccionando fragmentos esenciales de la existencia, como si hiciera un balance emocional de aquello que merece permanecer.
La vida se entiende como una suma de vínculos, pérdidas, revelaciones emocionales y afectos. No es una reflexión filosófica ni científica, sino íntima y auténticamente humana.

BrendaCarol Morales
Guatemalteca. Licenciada en la Enseñanza del Idioma Español y Literatura y una maestría en Formación Docente; exbecaria de la RAE. Trabaja como curriculista en el Ministerio de Educación y catedrática en Efpem, (Universidad de San Carlos). Miembro de PEN Guatemala. Fue redactora y editora de la revista Tinamit. Ha publicado en periódicos, revistas y diversas antologías. Sus libros: Vagabunda de la noche (poesía) y Soy una chica muy mala (cuentos). Actualmente, integrante del panel de Poesía lunar y redactora para SabersinFin.






























