Salí libre bajo palabra,
como quien sale de un sueño
a un día sin promesas.
El aire sabía a miedo,
también a esperanza,
y eso me bastaba para avanzar.
Sin la caución requerida,
el mundo se sintió más vasto,
más frágil,
como si la libertad fuera un hilo fino
que podría romperse con cualquier susurro.
El tiempo ya no era enemigo,
solo un compañero silencioso
que caminaba conmigo,
aunque no siempre a mi lado.
Voto de confianza,
me dijeron, y yo asentí
no obstante, por dentro temblaba.
No sabía si era miedo
o el vértigo de sentirme tan vivo.
Pero seguí adelante,
porque siempre hay algo más allá de la jaula.
La celda invisible, transparente,
es un abrazo que duele,
un apretón que no suelta
y me recuerda, una y otra vez,
que las cadenas se construyen desde dentro.
Lo que mi corazón busca
no es la libertad que prometen,
sino la que encuentro en cada paso,
en cada grieta del camino.
Porque ser libre no es escapar,
es aprender a quedarse.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta
































