Por Salvador Calva Morales
No me hace falta un rostro perfecto,
pues mi poder habita en la palabra;
es el verbo quien dicta este trayecto
y el verso quien tu pulso descalabra.
Mi logos es amuleto que destraba
los cerrojos que albergas en la mente;
no imagino otra piel que la que graba
tu propia sed al leerme dulcemente.
Reconozco tu impulso en la penumbra:
dos ríos convergentes hacia el mar,
lava encendida que la noche alumbra,
dispuesta en este cauce a devorar.
Rendidos al fulgor que nos atrapa,
desvisto tu intelecto sin demora;
en cada sílaba el deseo se escapa
y en la palabra el cuerpo se devora.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























