El colibrí encarna un poderoso significado espiritual. Esta ave diminuta, ha provocado suspiros y ha llevado esperanza a diferentes culturas a través del tiempo, y, especialmente, a lo largo del continente americano.
Basta con mirar su vuelo tan peculiar y el brillo de su plumaje, para sentir que estás en presencia de algo divino.
Las culturas antiguas crearon hermosas leyendas que justificaban la existencia del colibrí.
Los mayas, por ejemplo, contaban que estas criaturas habían sido creadas por los dioses para llevar los pensamientos y deseos de los seres humanos, de un lugar a otro.
El colibrí no puede vivir en cautiverio, es por esto que resulta tan grandioso mensajero, pues, de la misma forma que el pensamiento de las personas no conoce límites, el colibrí no ha de ser enjaulado jamás.
A donde quiera que vaya lleva amor y esperanza. Dicen que es de buena suerte y que puedes pedir un deseo cuando viene a verte, para que él lleve tu mensaje a su destino.
Este animal no deja de sorprendernos. A simple vista es todo un espectáculo, es la única ave capaz de volar en reversa y quedarse suspendida en el aire en un solo lugar. El batir de sus alas que, para el ojo humano es imposible de seguir, es magia pura. Setenta aleteos por segundo que le dotan de una extraordinaria agilidad al desplazarse veloz y espontáneamente, como si de una pequeña máquina se trataran. No hay ave que pueda dominar los vientos mejor que el colibrí.
Conforme avanzan las investigaciones sobre esta criatura mística, conocemos cada vez más de sus características, únicas y maravillosas.
En diferentes mitos encontramos una estrecha relación entre el amor y el colibrí. Quizás sea porque guarda los secretos más oscuros de la gente, o porque le fue asignada esa noble tarea de escuchar deseos y llevar mensajes. O será, simplemente, por ese corazón incansable que llevan dentro, ese que marca el ritmo de su vuelo y es motivo de su búsqueda incansable.
Hasta mil latidos por minuto puede alcanzar el corazón de un colibrí. Por esta razón, su metabolismo es tan acelerado que necesita alimentarse entre siete y ocho veces por hora para mantenerse vivo.
Dicen que está siempre al filo de la muerte y que para poder descansar tiene que bajar su frecuencia cardiaca y entrar en un breve letargo, de lo contrario, moriría de hambre mientras duerme.
Ojalá aprendiera el hombre a dominar así el impulso de su corazón, para tomarse también un respiro, para aislarse y entregarse al retiro, entre la naturaleza. Para respirar más lento y detener por momentos este trajín de la vida que, también nos tiene al borde de la muerte, sin darnos cuenta.
A propósito de esto, recientemente leí en una publicación (consultable en: https://unamglobal.unam.mx/que-ventajas-para-la-salud-otorga-respirar-bien/) de la UNAM –mi alma mater– que cuando respiramos profundamente, y alcanzamos el potencial máximo de nuestros pulmones, activamos con ello ciertas áreas del cerebro poco estimuladas, al mismo tiempo que dicho proceso incide en la desintoxicación del organismo.
Agrego a lo anterior, y solo para tener una idea de los pequeños detalles que pueden cambiar nuestra vida, que de acuerdo con una nota publicada por el portal de la BBC, un estudio del Instituto Melbourne de Economía Aplicada e Investigación Social, en Australia, reveló que el exceso de trabajo, estrés y fatiga “daña la capacidad del cerebro para procesar información” (Consultado en: https://www.bbc.com/mundo/vert-cap-36905386).
Es decir, esa capacidad que tienen los colibríes para poder descansar, para disminuir su frecuencia cardiaca, es un llamado para los seres humanos, a fin de que observemos con detenimiento dicho comportamiento e imitemos a esos pequeños seres alados que pueden ser nuestros maestros si nosotros los asumimos como tales.
Por otra parte, los colibríes pasan la vida volando de flor en flor, alimentándose y a su paso polinizan una gran parte de tierra. Esto los convierte en portadores de vida, incansables.
Desafían la gravedad, al tiempo y a la muerte misma, y lo hacen con tanta gracia y naturalidad, que parecen estar completamente despreocupados por ello.
Estas aves, consideradas como los pájaros más pequeños del mundo, cargan tres veces su propio peso y nada les detiene. Solamente el cautiverio, el encierro, puede robarles esa alegría que encuentran en el vuelo.

El colibrí baña de dulzura la existencia del hombre; es una manifestación de la libertad y la esperanza que todo ser humano anhela en la tierra.
Es reflejo de nuestros deseos, es una proyección de nuestro espíritu y una extensión de nuestro pensamiento.
Los antiguos lo sabían, los sabios que nos antecedieron encubrieron con leyendas, alegorías y representaciones dichas enseñanzas.
Al inicio te mencioné al pueblo maya, bueno, pues sus dioses crearon al ‘x ts’unu’um’, resultado del tallado de una flecha de jade –una de las piedras preciosas equiparada al oro en otras civilizaciones– y el soplo divino, a falta de barro y maíz.
A la luz de la sabiduría de nuestros hermanos mayas cabe preguntarse con ojos de iniciado: ¿cuál es ese jade sagrado del que estamos hechos? ¿Cómo ser dignos portadores del soplo divino que todo lo anima?
En fin, y todo a partir de observar, reflexionar íntimamente, las enseñanzas ocultas y los referentes que no están a simple vista, de nuestros hermanos colibríes.
Los colibríes siempre seguirán siendo parte de nuestras raíces y sin duda serán inspiración de muchas historias, pinturas, canciones y poemas conmovedores. De alguna manera nuestro corazón reconoce el milagro de estos seres pequeñitos. Ver un colibrí seguirá sorprendiendo a niños y adultos por igual.
Que siga siendo portador y guardián de nuestros pensamientos, no pueden estar más seguros que con ellos.
Y la próxima vez que veas un colibrí en la ventana, recuerda que te encuentras ante un ser divino, una criatura mítica de la cual se han escrito cientos de leyendas narrando su origen y dando a conocer su labor en la tierra.
No es casualidad que haya sido tan relevante en distintas culturas, estas aves, sin duda, son un pequeño milagro de la vida, son una fracción del paraíso, un escape de lo mundano.
La próxima vez que un colibrí venga a verte, no dudes en saludarlo y confiarle tus más profundos deseos.
Termino poniendo algo de mi cosecha, a propósito del colibrí, a los monumentales versos del genial Nezahualcóyotl:
“Amo el canto del cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces. Amo el vuelo del colibrí, pluma que flota en los pensamientos…”.
Que el colibrí me guíe en los mundos sutiles.
Tótem: colibrí
Cualidades: amor, vitalidad, verdad, autocontrol.
Artículo del libro: Etología y caractitud. Tomo I. De venta en Librería León.
Salvador Calva Morales tiene una amplia trayectoria en las áreas de Educación, la Medicina Veterinaria, la Zootecnia y la Literatura.
Cursó dos licenciaturas: Medicina Veterinaria y Educación Media Superior, dos maestrías, una en Administración y otra en Docencia Universitaria. Tiene un doctorado en Administración de Negocios. Recibió el doctorado honoris causa por The England and Wales University, en Londres, Inglaterra.
Recibió cuatro doctorados honoris causa por instituciones mexicanas e internacionales.
Su labor altruista ha sido reconocida ampliamente.
Desde 1982 fundó y preside el Sistema Universidad Mesoamericana, con ocho campus universitarios en México.
Autor de treinta libros de poesía y ensayos educativos.































