
Algunas veces, en la oscuridad el poeta se permite el autodescubrimiento, la revelación de su ser.
Quien ha tenido la suerte de conocer a Miriam de León, sabe que es una mujer y escritora muy dulce y cariñosa, alguien llena de luz y ternura que va repartiendo sonrisas, abrazos, palabras de afecto a todos los que la rodean, sin distinción. Así que cuando leí el título de uno de los poemas que publicó en la VI Antología Internacional de Poesía Sabersinfin, no pudo menos que intrigarme: Querría escribir oscuro. Por ello, decidí escudriñar e interpretar lo que esta poeta nos quiso comunicar.
Antes de iniciar el análisis del poema, les comento que, al igual que yo, Miriam es guatemalteca. Además de ser escritora, también ha sido periodista. Trabajó en el área cultural en diversos medios de prensa del país, así como en el Ministerio de Cultura y Deportes. Fue diplomática en las embajadas de Guatemala en Panamá y Estados Unidos hasta 2014. Ha publicado poesía en revistas, antologías, cuatro poemarios y dos libros de cuentos. Aunque actualmente está retirada de la actividad laboral, su pluma sigue muy activa. He leído varios de sus hermosos poemas en distintas revistas literarias. Además, tuve la dicha de que me compartiera su libro La chica de la bicicleta, que reúne varias narraciones escritas con mucho ingenio y jovialidad; un encanto de libro. Ahora sí, leamos el poema:
Querría escribir oscuro
Miriam de León
Hoy, no sé por qué,
me nació la intención de escribir oscuro,
escribir con el lápiz que hoy invento
y el cuaderno que estaba oculto.
Creo que escogería entonces
vestirme con la blusa del tiempo muerto,
con la capa de paño grueso,
y quizás, con el sombrero trasnochado.
Sacaría de mi casa los escritos profundos,
aquellos versos taciturnos
guardados en la gaveta de la mesa de cedro.
Y en aquel momento olvidaría las palabras recortadas
o los juramentos desatendidos,
y sin necesidad de pensarlo,
escribiría oscuro, muy oscuro,
tanto así que las palabras mías,
sin esfuerzo alguno,
consentirían entonces
que llegara la noche...
con su maullido de gato
y sus pisadas de siglos…
Al inicio, nos hace pensar que el acto de escribir, por lo menos en ese momento, es intuitivo. Surge espontáneo de la necesidad del alma por develar algo que hasta ese momento no ha sido lo usual. Tan así, que debe inventar un nuevo lápiz, como una sinécdoque de la escritura. Sin embargo, también revela que no lo hace sobre «material» nuevo, sino de algo que ya estaba oculto. Allí, el cuaderno es la metáfora de la vida.
La voz lírica se permite jugar con la idea, por lo que empieza a usar verbos en condicional. Para acercarse a la posibilidad de escribir lo oscuro, se «vestiría con la blusa del tiempo muerto». Este verso me encanta. Luego, habla de paños gruesos y de un sombrero «trasnochado». Estos versos refieren a la idea de que, para escribir oscuro, tendrá que buscar en el pasado o, quizá, presentar una imagen más introspectiva. Los siguientes versos me hacen reafirmar estas ideas. Por un lado, hay cuestiones del pasado que han estado guardadas. Por el otro, están allí, en la gaveta del mueble de cedro. Esta metáfora habla de que lo más seguro, lo más íntimo que posee, podría abrirse.
Lo bueno es que esa apertura no sería para mostrar secretos oscuros, sino para dejar ir cuestiones del pasado que ya no son relevantes. Así, me parece, escribir oscuro no se refiere a escribir sin luz, sino escribir desde una luz interior. La voz literaria se desprende de todo lo que ya no es vital. Se alejaría de cuestiones superfluas. Al hacerlo, su palabra no tendría límites ni cortapisas. Desde esa perspectiva, «la noche con su maullido de gato y sus pisadas de siglos» implica una entrada al misterio, al conocimiento nocturno, a la voz antigua del universo.
Querría escribir oscuro es un poema de autoconocimiento, de escribir como un proceso de gestación y revelación. Habla de la autenticidad de una voz que se adentra en su interior para recuperar la verdad de lo que siente, sin las ataduras del pasado. La voz poética se adentra en la penumbra de su interior para recuperar la verdad de lo que siente. La noche —con su gato y sus siglos— no es amenaza, sino compañera del alma creadora.



























