Quisiera que aparecieras
frente a mí,
como un colibrí fugaz y esquivo.
Posaras en mi alma y volaras,
al sentir mi latir,
huyendo y dejando
un vacío intensivo y fugaz en mí.
No importa si es un instante robado,
sería un eco sublime,
un resplandor.
Extrañar tu cuerpo me tiene marcado,
pues en él naufragaba
mi más hondo ardor.
Cuántas veces tu piel tembló por mi arte,
con caricias que el tiempo no puede borrar.
Fui el único que adivinó tu parte,
la llave secreta que nadie
ha de hallar.
Orgasmos habrá, y muchos tendrás,
fugaces y sin nombre,
pero ninguno con mi sello delicado,
porque fui yo, y no cualquier hombre,
quien hizo de tu placer una realeza.
Sé que me recuerdas en cada suspiro,
en cada intento que nunca logrará
igualar lo que tuvimos,
ese fuego tan vivo,
ese lenguaje que supimos crear.
Vive, disfruta, olvídame si puedes,
pero llevas mi marca en tu carne y tu ser.
Porque tu libido,
aunque busque en redes,
jamás será igual… lo sabes, mujer.
Y si alguna noche, en el silencio ardiente,
tu cuerpo desnudo se inunda de ausencia,
llámame, mujer, como un grito urgente,
que en tu piel reviva nuestra esencia.
Porque en cada fibra que aún te reclama,
en cada latido que no sabe mentir,
sabrás que mi sombra sigue en tu cama
y que jamás podrás dejar de sentir.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























