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Eternos pretextos

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Imagen: Pixabay

Como un imán
en mis ojos te vi,
en ese rincón
de aquel restaurante.
Tu perfil era un hechizo sutil,
una danza silenciosa,
inquietante.

Con mi mente aposté
que me verías,
y al verte,
tus ojos me prendieron.
Volteaste,
y en esa magia compartida,
dos mundos,
por fin, se descubrieron.

Tus labios rieron,
temblaron tus mejillas,
y mis palabras fueron hilo
entre nosotros,
piropeando el rubor
de tus esquinas,
y esos labios finos,
tan sensuales, tan otros.

Te reté en un susurro
suave, profundo,
a demostrar que mis palabras
eran verdad.
Tú reíste, pero aceptaste,
en ese segundo
que encendió nuestro fuego
en complicidad.

Desde entonces,
incontables encuentros,
siete veces siete
y otras más,
donde, entre besos
y secretos internos,
nos perdimos en la apuesta
que hicimos atrás.

Enredados en un deseo
sin juicio,
tu cuerpo y el mío,
sin tregua, en paz.

Entre suspiros ardientes
y lentos,
en cada apuesta,
en cada abrazo febril,
tus gemidos prendidos
de mis silencios,
tus labios entregados,
tu piel sutil.

En cada ronda
me llevas al borde,
a la gloria de tus rincones
secretos,
a perderme en la fiebre
que abordas,
donde el tiempo
y el placer
son eternos pretextos.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta