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Cultura pop y nuevos movimientos religiosos

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Imagen del autor Biswajeet Mohanty en PEXELS

– La Historia Jamás Contada –

Por: Fernando Acosta Reyes

Desde mediados de los años 70, con los cambios en la forma objetiva de vida que experimentó la población -sobre todo la más joven-  de las grandes ciudades, comenzó a operarse también un cambio en el imaginario social, palideciendo rápidamente los estereotipos que habían guiado todavía a la generación anterior, la de la transición de lo rural a lo urbano, dejando una sensación de vacío en quienes ya percibían lo agobiante e infructuoso de la búsqueda de una vida interior en los ritos y festejos de una gastada pero aún oficiosa Corporación católica, a la que un régimen que se jactaba de liberal, toleraba sin embargo las arbitrarias y frecuentemente caprichosas alteraciones de la paz pública cometidas por sus ministros, la claque de éstos y sus epígonos.

Pero la vida iba definitivamente por otro lado y por ahí se encaminaban los decepcionados, un tanto a la ventura, deteniéndose en algunas opciones que ofrecía la New Age tanto trasnacional como nativa en el supermercado de las espiritualidades alternativas. Eran búsquedas esencialmente en solitario, pero aún así enriquecedoras, como suelen resultar para los recién (auto)liberados del control corporativo, sea gubernamental o eclesiástico -aquí en México, del combo clerical-priísta, en ese orden-.

Al irse generalizando este desapego sentimental a la Iglesia, ésta ni tarda ni perezosa hizo traer al polémico Papa Peregrino, el más “polaco” hasta entonces, en su tour de Reconquista -semejante a la española en tiempos de la famosa pareja castellano-aragonesa- pero oficialmente conocida como Reevangelización. Interesante espectáculo para el observador escéptico, pero que resultó insuficiente para el propósito de los anfitriones, que hubieron de traerlo de vuelta otras tres veces.

Mientras tanto, la vida urbana y su cultura popular asociada continuaron su curso, tanto objetiva como subjetivamente. Fue una época en apariencia anodina, pero sólo al exterior, pues dentro de cada individuo se gestaba una forma radicalmente diferente de concebir las cosas, de las minucias cotidianas a las trascendentes o así consideradas.

Casi veintidós años después de la llegada de aquel “visitante (políticamente) incómodo”, los restauracionistas reaparecieron en escena, aprovechando el triunfo electoral del candidato de su Partido a la Presidencia de la República, que desde su toma de posesión se saltó el protocolo, rompiendo con un gesto teatral la separación formal de Iglesia y Estado, hablándose en el Congreso de “hacerle un extrañamiento”. (Aunque hubiera sido mejor un estreñimiento, para que no siguiera… ustedes me entienden.)

Pero éstos ya tenían hecho no sólo su “tamal” sino la olla completa, pues a partir del tercer año de Gobierno, el personal eclesiástico católico se dedicó con singular alegría a desatar toda la parafernalia pueblerina de culto sobre ciudades que por su historia habían llegado a formas más o menos estables de convivencia, dando al traste con este fundamental avance civilizatorio, teniendo garantizada su impunidad desde el propio Gobierno, tanto el federal como los subordinados locales. (¡Otra vez la Reconquista, pero ahora mestiza, faltaba más!), sin prever que esta agresiva estrategia tendría como consecuencia automática la defección en masa de muchos de sus propios feligreses, que por fin se decidieron a cambiar de Religión-Iglesia o simplemente continuar su búsqueda espiritual “por la libre”.

Porque siendo la Religión algo esotérico en el sentido de venir del interior del individuo, éste buscará en el exterior el medio material y social idóneo para expresarlo y vivirlo. De otro modo, lo atesorará dentro de sí junto a otras cosas entrañables en espera de una mejor oportunidad para manifestarlo o incluso compartirlo con otros. Hay mucha investigación sociológica al respecto desde hace décadas.

Por eso la cultura popular urbana contemporánea o, simplemente, CULTURA POP puede eventualmente proporcionar, en alguna(s) de sus variadísimas y siempre renovadas expresiones, que van con el paso del tiempo, el contenedor oportuno -aunque tal vez efímero- del anhelo genuinamente religioso, fenómeno nada insólito en esta época post-desencantada (entzaubert, Weber), donde cuando menos ya se sabe dónde NO buscarlo.

Y esto a pesar de las recurrentes intentonas totalitarias de una Corporación que sólo acierta a ampliar mediante la creación de nuevos Santos y la adopción de sospechosas Entidades, su Santoral y el resultante Calendario de fiestas de corte rural como medio de atraer o retener a una feligresía crecientemente insatisfecha con las religiones (Iglesias) y sistemas de creencias tradicionales: un fenómeno sociológico, ciertamente.

¿Cómo ven todo el conjunto, atentos lectores?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.