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De Medea a Andrés. Violencia vicaria o una lectura sobre una visión perversa sobre el amor y el desamor

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Medea, con los hijos muertos, huye de Corinto en un carro tirado por dragones. Hacia 1887. Óleo sobre lienzo, 225x166 cm. Hernández Amores, Germán. Murcia, 1823 - Murcia 1894. Imagen sección de la real. Museo del Prado.

Por: Silvia Martínez Coronel

La causa está en la incapacidad de tolerar la frustración, una frustración que no debería sentirse, porque nadie nos pertenece. Sí, se trata de salud mental. El patriarcado es un sistema enfermo, pero no es solo el patriarcado. Es la sociedad entera que no educa para el respeto de las decisiones de los demás que no nos incluyen. No somos dueños de nadie, y se debe educar para aceptar la frustración de no ser elegidos.

Lo que hizo Morosini anteayer en Uruguay al secuestrar y eliminar para siempre a sus “propios” hijos de 2 y 6 años es violencia vicaria. Esta es producto de la intolerancia a la frustración de no poder ser dueño de las decisiones de quién se considera un bien propio (en este caso la madre de sus niños). Lo mismo hizo Medea quién también mató a sus “propios” hijos para castigar a su padre Jasón por haberla apartado de él, haberla “abandonado”.

La mitología ya había analizado en esta historia el origen de la violencia vicaria. Y no hicimos nada para mejorar una educación errónea que enferma, que educa en el derecho a la posesión de un otro que no soy yo, y nos hace sentir perdedores cuando no lo somos por el hecho de que otro no nos elija, decisión que deberíamos estar educados para respetar, aceptar, lo que también sería respetarnos y querernos sanamente a nosotros mismos, y derivaría en el respeto y amor sano por nuestras propias criaturas que tampoco nos pertenecen y por ende no deberíamos sentirnos con derecho sobre SU derecho a la vida, y menos utilizarlas para castigar a nadie cegando las vidas (en el peor de los casos), de quiénes más deberíamos amar y proteger (“Tus hijos no son tus hijos / vienen a través de ti pero no te perenecen…” K. Gibrán).

Ellos tampoco son nuestra propiedad (la gente no es una cosa que adquirimos, sino seres vivos con derecho sobre ellos mismos), y son muchas las veces que se vuelven rehenes luego de la separación de los padres y no debería ser así, y hay que cambiarlo ya, ayer, educando en un amor no posesivo, ya que solo nos poseemos a nosotros mismos, y solo sobre nosotros tenemos derecho a decidir.

Nadie es dueño de nadie. Hay que modificar ese patrón cultural que termina siempre en tragedia.

Silvia Martínez Coronel (Set. 2025). Silvia Martínez Coronel (n. 1969) es originaria de Uruguay. Es profesora de Literatura, escritora y crítica. Ha sido incluida en múltiples antologías nacionales e internacionales, en su mayoría por premios. Ha ganado los primeros lugares en concursos de poesía.