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Ecos de un “hola”

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Foto de Nicholas Sampson en Unsplash

Por: Salvador Calva Morales

¿Quién habría pensado que un simple saludo,
nacido al azar, sin rumbo ni fortuna,
despertaría un fuego tan desnudo
bajo la calma tibia de la luna?

Tu voz se hizo destino en mi oído,
una nota de amor que no he perdido.

Llegaste sin promesas ni temores,
con la verdad sencilla de tu aliento,
y en cada gesto brotaron mis colores;
mi cuerpo fue testigo del momento.
Eras sosiego, tempestad y abrigo,
la paz y el huracán que van conmigo.

No fuiste amor común ni pasajero,
fuiste el latido más fiel de mi suerte,
la piel que al roce incendia lo certero,
la vida que resiste hasta la muerte.

Aun en silencio tu amor me pronuncia,
como un suspiro que en mi ser renuncia.

Cuando me pierdo, sigues eligiendo
mi sombra, mis vacíos, mi derrota;
como si en mis ruinas, floreciendo,
tu fe me sostuviera gota a gota.
Y entonces entiendo que en tu ternura
mi alma descansa, mi carne madura.

Tu recuerdo me toca en cada sueño,
me recorre sin prisa, sin permiso,
y el aire se hace cómplice y risueño
de este deseo oculto en el hechizo.

Eres principio, incendio y sosiego,
mi tentación, mi casa, mi ruego.

Y si el tiempo quisiera separarnos,
que venga el mar y borre mi memoria,
pues solo en ti aprendí a entregarme, a amarnos,
a escribir con tu piel nuestra historia.
Te amo sin final ni despedida,
porque en ti hallé la razón de mi vida.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta