Perdiste en el trayecto la tea encendida,
aquella que rompía sin piedad
con la oscuridad voraz,
la bruma que, como fiera inclemente,
mordía los miedos sin tregua.
Quizá fue un arrebato de soberbia
el que volteó los mapas,
hizo del norte un sur imaginado,
del oriente, un vértigo confuso
que torció las decisiones simples.
El extravío, nuevo triunfo del azar,
trazó paralelas entre la verdad y la razón.
Mientras la resaca de certeza
pidió un mínimo trago de vinagre,
la esperanza aguardó el sorteo de las túnicas.
Búscame a tu diestra si alguna vez
encuentras la luz que enmarque tus pasos.
Hállame a la siniestra,
si te aventuras al caos inasible,
a la precisión desnuda de la intuición.
Pero si el camino se diluye en cenizas,
seré el vestigio que arda en tu memoria,
un eco de brasas olvidadas
que guarden el calor exacto
para encender tu próxima huida.
Y si no hay brújula, ni estrella guía,
abre los ojos en la penumbra:
los senderos inventados por los pies
siempre conducen a los confines del alma,
donde la luz no necesita ser nombrada.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta






























