En el espejo de los recuerdos,
donde el tiempo se detiene y suspira,
escribo mis ilusiones y anhelos,
tejiendo sueños con hilos de vida.
Plasmo las alegrías y melodías,
que suenan en lo más profundo del pecho,
como un canto eterno de armonías,
que encienden el alma y el deseo.
En el espejo de la vida veo,
mi rostro lleno de estrellas y luceros,
reflejos de un cielo que siempre creo,
donde habitan mis más puros anhelos.
Enrique Canchola Martínez
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