Jovilius a la imaginación dejó su nombre,
los doctos conocen bien su significado,
como la eterna enamorada de aquel Romeo
bajo la bendición de Júpiter, elevado y sagrado.
Así, bella dama, tu presencia de ayer me ha hechizado.
Juntos, nuestros espíritus convergen
como en las primeras conquistas,
donde los cuerpos se sudan al encuentro.
Cuéntame, amada mía,
¿aún se agita en tus labios el fuego?
¿Continúan los aleteos de las ficticias mariposas en tu vientre?
¿Aún te abrazan esas ansias de antaño?
Cada beso es un néctar divino y eterno,
donde el dolor es placer,
donde el alma se entregó
entre dolor de huesos y carne.
La dicha nos embriagó.
Oh, dime, ¿sigues siendo como ayer tan mía?
Tu cuerpo, una ofrenda que el tiempo no apaga,
tus caderas, tus labios, ese gozo escondido
que, sin pensarlo, ayer me obsequiaste.
¿Sigues sintiendo lo mismo que yo,
que en la noche se derrama en secretos y arrullos,
entre jadeos suaves y besos sin murmullo?
Permíteme, entonces, saborear nuevamente
el éxtasis que juntos creamos sin prisa,
que tu ser, cual templo, se ofrezca a mi mente,
y en tus rincones íntimos,
como en la brisa,
se consuma cada vez el deseo en esta eterna caricia.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta





























