Por Enrique Canchola & Sinaí Vallejo Villagómez
Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa
Ciudad de México, México
Étienne-Émile Baulieu (1926-2025), médico y bioquímico francés cuyas investigaciones fueron determinantes para el desarrollo de la neuroendocrinología moderna. Su dedicación apasionada de la síntesis molecular y los mecanismos de acción de las hormonas, específicamente de la Mifepristona, un antagonista del receptor de la progesterona, lo llevó más allá de su trabajo en anticoncepción y salud reproductiva.
En 1981, Baulieu revolucionó las neurociencias con un hallazgo sorprendente y fundamental: descubrió que el cerebro es capaz de sintetizar sus propias hormonas esteroides: la pregnenolona y la dehidroepiandrosterona (DHEA) de manera independiente de las gónadas o suprarrenales.
Estos “neuroesteroides”, como los bautizó Baulieu, tienen funciones cruciales en la modulación de la plasticidad neuronal, la memoria, Alzheimer y el estado de ánimo.
Investigaciones sobre el envejecimiento y el Alzheimer
Émile Baulieu, fue un defensor del estudio de la DHEA (dehidroepiandrosterona) y la pregnenolona como hormonas que podrían influir en la calidad de vida mediante la prevención del envejecimiento, motivo por lo cual llamo a estos neuroesteroides las “hormonas de la juventud y la belleza”, sin embargo, cabe mencionar que el uso de estas hormonas, sigue siendo un tema de debate clínico importante.
Neuroesteroides y plasticidad
Baulieu, tenia la idea que el cerebro era una estructura autocreadora, que tenía la capacidad de sintetizar sus propias hormonas, los neuroesteroides, para conservar la arquitectura sináptica de la juventud, induciendo la plasticidad sináptica y la protección contra la proteína Tau, proteína responsable principal del deterioro cognitivo.
Con estos aportes, Baulieu revolucionó la comprensión del sistema nervioso al demostrar que este sistema, es también una glándula neuroendocrina independiente y que los neuroesteroides actúan como un mecanismo de modulación neurogénico.
Mielina y memoria
Los estudios clínicos de Baulieu, mostraron que los neuroesteroides promueven la formación de mielina, asegurando que la velocidad de conducción de los impulsos eléctricos se mantenga eficiente, combatiendo la “lentitud” cognitiva del envejecimiento. También encontró, al igual que otros investigadores, que la mielina y los neuroesteroides, facilitan la comunicación entre neuronas en el hipocampo, el centro de la memoria, permitiendo que la plasticidad sináptica, que determina la capacidad del cerebro para aprender y adaptarse, persista hasta etapas avanzadas de la vida.
Proteína FKBP52 vs. Proteína Tau
En sus investigaciones finales, Baulieu se enfocó en lo que podríamos llamar el “sistema de limpieza” del cerebro. El Alzheimer y otras taupatías, como la depresión, ansiedad y la demencia senil, se caracterizan por la alteración de los microtúbulos neuronales debido a una proteína Tau anómala y abundante.
En la etapa final de su carrera, se centró en la proteína FKBP52 y su interacción con la proteína Tau. Émile Baulieu identificó que la Proteína FKBP52, actúa como una “chaperona” protectora del deterioro mental. Cuando sus niveles son adecuados, se une a la proteína Tau e impide que esta se agregue y forme ovillos neurofibrilares tóxicos.
Su trabajo sugirió que medir los niveles de FKBP52 podría servir como un biomarcador temprano, permitiéndonos intervenir años antes de que el “laberinto mental” de la demencia se manifieste.
Sus estudios sugieren que niveles bajos de FKBP52 podrían estar relacionados con la acumulación patológica de Tau en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y la alteración de la conciencia por el deterioro de los neurotúbulos.
Desde la perspectiva del humanismo científico, estos hallazgos de Étienne-Émile Baulieu, sugieren que la decadencia cognitiva no es un destino inevitable, sino un proceso bioquímico que puede ser regulado y que mantener la homeostasis esteroidea en el cerebro permite que la “simulación” que nuestra mente hace de la realidad, (la conciencia) se mantenga nítida, vibrante y coherente y que la belleza y la juventud nos acompañen siempre.
Enrique Canchola Martínez. 16 de marzo de 2026.





























