Por Enrique Canchola Martínez.
Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Medicina.
Unidad Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana.
Ciudad de México, México.
Zaratustra (1883-1895), en voz de Friedrich Nietzsche (1844-1900), propone una alegoría sobre la transformación y evolución de la conciencia humana a través de tres representaciones simbólicas: el camello, el león y el niño. Esta secuencia evolutiva representa un proceso de emancipación del individuo frente a los valores impuestos, y culmina en la afirmación creadora de nuevos paradigmas. En este ensayo se analiza la evolución de la conciencia según Zaratustra.
El camello, simboliza la primera transformación y evolución, representa sumisión y carga. El espíritu de la conciencia, en esta fase, se encuentra en una etapa primigenia, aprende y acepta los valores tradicionales y se complace en su obediencia. Esta actitud refleja la interiorización de normas heterónomas, propias de la moral del deber. El camello representa la virtud ascética de la conciencia, pero también la pasividad del espíritu en ciernes que se está fortaleciendo para su libertad. Es el tiempo de la adquisición de mónadas inconscientes.
La segunda evolución la representa el león, que encarna la rebelión y la afirmación del quiero, que se enfrenta al dilema del deber. El león, representa la lucha desgarradora de los valores establecidos, para construir nuevos valores éticos y morales. Este período es crítico y destructivo. En esta fase la conciencia humana niega, pero aún no crea. Aquí, la conciencia se libera, pero aún no construye.
En la tercera evolución de la conciencia según Zaratustra, el niño es símbolo del atrevimiento, de la creación, el juego y la inocencia. El niño representa la superación de la negación, la ingenuidad y olvido, lo que permite a la conciencia un nuevo comienzo, un juego mental, una autopoiesis de constructos Qualicos mentales que preparan al cerebro para construir una conciencia objetiva. Esta etapa implica la capacidad de crear valores propios, sin resentimiento ni dependencia. El niño al igual que la conciencia, no obedece ni se rebela: simplemente se afirma en un eterno retorno.
Desde una perspectiva hermenéutica, estas tres figuras alegóricas pueden interpretarse como una crítica a la cultura occidental, que ha reprimido la vida en nombre de la moral y la razón. Zaratustra, propone una ética del devenir, donde el sujeto se emancipa de Dios a través de la destrucción de creencias dadas y crea al superhombre. Para Zaratustra, la evolución del espíritu y la conciencia es, en última instancia, un andamio para la libertad del hombre.
En resumen, estas tres transmutaciones evolutivas de la conciencia, simbolizan un viaje profundo de autoconocimiento, liberación y creación a través de los tres yos de William James (1842-1910), de los tres mundos de Karl Popper (1902-1994), John C Eccles (1903-1997) y los tres estadios del pensamiento humano de August Comte (1798-1857). Cada una de las transformaciones en la evolución de la conciencia individual, en los diferentes mundos, en conjunto conforman los procesos mentales necesarios para alcanzar una existencia auténtica y libre en armonía con la conciencia colectiva.
Lecturas
1- Nietzsche, F. (1885). Así habló Zaratustra. Traducción de Andrés Sánchez Pascual. Madrid: Alianza Editorial.
2- Safranski, R. (2002). Nietzsche: Biografía de su pensamiento. Tusquets.
3- Deleuze, G. (1962). Nietzsche y la filosofía. Anagrama.
4- Vattimo, G. (1987). El pensamiento débil. Cátedra.
Enrique Canchola Martínez 15082025




























