Por Salvador Calva Morales
Floriana, cuerpo diosa, ¿qué secreto metafísico
susurró el Creador cuando decidió tallarte así?
Tu piel es una tesis viva sobre el placer físico,
una demostración empírica de que el alma también gime.
Cada poro tuyo derrite el concepto mismo de lo crítico:
quien te observa comprende que la existencia quiere sentir.
Tus pechos… esos volcanes que no necesitan metáfora,
rebosan miel como si el universo sudara por ti.
Son cúpulas donde la razón se rinde y la carne implora,
puntos cardinales que mi lengua recorrería sin fin.
Y tus glúteos… dos obras maestras de una geometría sonora,
curvas que enseñan al tacto el significado de vivir.
Nadie —ni hombre, ni mujer, ni criatura mitológica—
pasa intacto ante tu paso, tú que vuelves todo ritual.
Eres un manifiesto ardiente de la forma biológica,
la prueba de que lo sagrado también puede ser carnal.
Tu volumen invita a pecar con absoluta lógica,
a confesarse en tu sombra, a caer en tu espiral.
Pero aquí llega la herida: naciste lejos, allá en Italia,
y yo, exiliado de tu cuerpo,
sobrevivo en tu foto digital.
Estudio tus ojos verdes como un monje en su plegaria,
dos praderas encendidas donde mi juicio se va a quebrar.
Sufro, sí, porque entender tu belleza es casi ontología:
todo lo perfecto hiere cuando no se puede tocar.
Tu nariz perfecta es filosofía pura,
el equilibrio entre el deseo y lo que no debo desear.
Afila el aire, ordena el mundo,
dicta su propia estructura,
y mis ganas se vuelven axiomas difíciles de negar.
Y tus labios… ay, tus labios, delgados, exactos en postura
de abrirse, cederse, comerse, unirse sin dejar de vibrar.
Tu cuello es un tratado de estética erótica,
alto, firme, nacido para ser mordido sin pudor.
Ahí pondría mi boca como quien firma una lógica,
como quien marca territorio en un rito superior.
Los collares más caros se vuelven simples en tu órbita;
mi lengua sería la joya legítima de ese calor.
Y recorro tu esfinge entera en un viaje casi místico,
con mis córneas encendidas, con mi cuerpo en rebelión.
El Creador, al pensarte, resolvió un problema crítico:
cómo unir lo divino y lo sensual en una sola encarnación.
Floriana, si un día el destino deja de ser tan cínico,
tu piel será mi templo, mi vicio, mi ciencia… y mi perdición.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta





























