¿Qué pasará con el tiempo
hoy que cambian las manos del poder
en el país que nos observa, nos separa y desune,
que nos usa y nos rechaza a la vez,
sin ver la verdad tras sus propias sombras?
¿Sentirán el vacío de nuestras manos,
aquellas que siembran,
construyen y sostienen,
las que cocinan su pan y limpian su tierra,
las que no llevan veneno en sus huellas,
sino el sudor de un trabajo negado?
Ellos están hartos del fentanilo
que en sus calles apaga miradas,
pero no son nuestras manos las que lo cruzan,
ni nuestras voces las que incitan a consumirlo;
cada quien elige su propia desgracia.
¿Por qué no sentarnos sin armas ni muros,
sin culpas que ciegan la solución?
Si la vida no pesa igual en ambos lados,
¿por qué no tender las manos que faltan
en lugar de alzar los muros que sobran?
La desigualdad nos devora el alma,
nos divide en castas de olvido y soberbia,
nos vuelve fríos, egoístas, distantes…
pero aún hay tiempo para mirar al otro
y recordar que la humanidad es nuestra única patria.
Si no aprendemos a vernos con justicia,
si no tejemos puentes en vez de abismos,
seguiremos siendo sombras enfrentadas,
dejando que la vileza dicte el destino
de un mundo que grita por empatía.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























