– La Historia Jamás Contada –
Aunque su origen se remonta a la aparición de las “redes sociales” en Internet, un HÁBITO se fue extendiendo y arraigando entre la población políticamente pasiva y sin experiencia previa en estas lides, llegando a extremos casi demenciales durante el sexenio pasado y lo que lleva éste, oficialmente su continuación aunque más parece un apéndice añadido sin mucho criterio por los herederos del cetro o “bastón de mando” (?) del Tlatoani -¡y vaya que hablaba!- anterior.
Me refiero a no formarse ya una opinión propia, personal de la situación, sino conformarse a las de ciertos influencers -¿independientes?- para juzgar el desempeño tanto del anterior como de los actuales bastoneros del Poder que encabezan el desfile cívico-militar en que ya nos metieron a todos. ¿Quiénes podrían ser estos personajes? ¿Con qué credenciales cuentan para ser tomados en serio por tantas personas?
Aquí es donde las cosas se ponen raras, pues no se trata, ni mucho menos, de académicos profesionales, especialistas capaces de seleccionar y procesar consecuentemente los datos disponibles o, en su caso, acometer sus propias investigaciones sobre lo que sucede en aspectos como la educación, salud, seguridad, economía, medio ambiente, relaciones internacionales y un larguísimo etcétera, para explicarlo después a los demás.
No, se trata de self-made TODÓLOGOS que, al estilo del típico merolico callejero, parecen dedicarse 24/7 todos los días del año a denostar a quienes no se creen a pie juntillas la versión de la realidad confeccionada por -o maquilada para- los cheerleaders (porristas o animadores) que se tienen -ellos y sus fans– por “gobernantes” (?). ¿Cómo o de dónde obtienen estos últimos o los primeros sus OTROS DATOS, en los que se apoyan para apabullar a quienes no les aplauden?
Esta es la clave del asunto, en sí misma sencilla, pero con una cauda de implicaciones y consecuencias verdaderamente impresionante por la coordinación y escala a que lo hacen: nada que ver con lo azaroso, espontáneo o de “buena fe” con que se presentan estos amici populi.
Lo primero en notarse es que no se trata de los lugares comunes característicos del panegirista improvisado, el pícaro que compone un rap con lo que tiene a mano, sino de un discurso estructurado alrededor de una masa de datos que suenan verosímiles o incluso técnicos para los legos (desconocedores) que les prestan atención, expresados además con una vehemencia que resulta adictiva para quienes llevan una vida monótona o anodina, por la excitación emotiva que les provoca. Es el elemento activo de la llamada política di piazza, sólo que a domicilio, como las icónicas conferencias diarias que hacen innecesario acudir a los mítines porque éstos son llevados a sus casas por la mañana para que los rumien el resto del día: algo perversamente ingenioso, hay que reconocerlo.
En cuanto al discurso mismo, conviene hacer algunas consideraciones prácticas. Por ejemplo, ¿cómo obtienen los influencers de marras tantos datos relevantes tan oportunamente, que además se engarzan unos con otros sin dificultad? Es como si la Realidad se les entregara ella misma pero ya clasificada y ordenada, lista para ser transmitida a su incauta audiencia que, sin pensarlo, la colocará en el lugar que correspondería a su experiencia -tanto política como vital– de la cual carece. (Un fenómeno típico de la cultura de masas: creer que se SABE algo por haberlo oído, visto o leído en los medios.)
Es una tarea que, de realizarla ellos solos por puro “amor al arte”, sería extenuante, viéndose obligados a auxiliarse de un equipo de trabajo, lo que además de problemático, resultaría costoso al grado de llevarlos en corto tiempo a la bancarrota. En cualquier caso, su misión… ¿cómo llamarla?… ILUSTRADORA, por su semejanza funcional con el infame Ministerio para la Ilustración y Propaganda de tan ingrata memoria, quedaría definitivamente truncada. Pero no ha sido así, antes lo contrario. ¿Por qué?
Hacernos de cuando en cuando este tipo de preguntas nos pone en modo de razonamiento conspirativo, dándonos una idea de QUÉ y CÓMO están jugando estos omnipresentes influencers, cuya incesante y aparentemente insensata tarea, es alimentar a la población con TEORÍAS DE CONSPIRACIÓN cada vez más disparatadas con la intención de desconectarla de la realidad y mermar así su capacidad de razonar con sentido, quedando a merced de manipuladores como ellos e incluso más abusivos y peligrosos.
¿Cuál es la teoría loca de conspiración más reciente de estos MERO-INFLUENCERS que han escuchado ustedes, atentos lectores?
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.




























