Fotografía. Escultura de Miguel Peraza. Artista Mexicano.
Por Enrique Canchola Martínez. Universidad Autónoma Metropolitana. Ciudad de México, México.
Para Bertrand Russell (1872-1970), Filósofo y matemático inglés ganador del Premio Nobel de Literatura en 1950, la conciencia es un órgano más de los sentidos que permite transformar los hechos objetivos a subjetivos y viceversa, en lo que participa el arco reflejo estructurado con todos los datos sensoriales acumulados en la biblioteca cerebral, por tal razón para Russell los hechos no pueden ser considerados físicos ni psíquicos, sino una entidad intermedia, es decir una superposición y entrelazamiento de ambos estados.
Según William James (1842-1910), el padre de la psicología norteamericana la conciencia es una experiencia subjetiva, un flujo mental por donde se expresa el yo material, el yo social y el yo espiritual de forma continua, selectiva, personal y cambiante.
Por otra parte, el físico, musico clásico y filosofo Húngaro Ervin Lazlo (1932), propone que la conciencia y sus manifestaciones físicas y psíquicas se construyen con información sensorial en un vacío cuántico donde el cerebro humano estaría funcionando en ese espacio cuántico llamado campo ψ (psi). En el cual se dan las posibilidades de percibir e integrar a nuestro sistema de conocimiento las experiencias llamadas normales y las paranormales, donde la conciencia, puede unirse con la realidad física y las experiencias subjetivas con los campos gravitacionales y electromagnéticos.
Con respecto a las experiencias paranormales, la percepción extrasensorial o los estados alterados de consciencia, Ervin Lazlo sugiere que estas, podrían deberse a fenómenos mentales que no somos capaces de percibir conscientemente, en tal situación los órganos de los sentidos y el cerebro podrían recibir señales del campo ψ sin que la conciencia vigilara los registros sensoriales.
En apoyo a esta propuesta el neurocirujano y etólogo Karl H. Pribram (Viena, 1919-Virginia, 2015) ha reportado que el sistema nervioso en estados paranormales se pone en sintonía con los aspectos holográficos del universo, lo que podría acercarse y apoyar a la teoría del físico y neuropsicólogo estadounidense David Joseph Bohm (1917-1992) y a las propuestas de otros científicos, que plantean que la mente y la materia existen formando una unidad.
Desde esta perspectiva y propuesta, de la unidad mente materia, la conciencia cuántica podría ser un modelo para explicar el problema de la conciencia, su naturaleza y como está entrelazada y superpuesta al mundo a través de una resonancia de fase que nos permita construir y desarrollar una interrelación con todo lo que nos rodea y con los procesos, cualesquiera que estos sean en el universo, dando la posibilidad de que nuestra mente-conciencia construya en sus redes neuronales, su propio mundo y que este dialogue consigo mismo y con el omniverso.
En cuanto a la interacción entre la conciencia cuántica y el espacio-tiempo, se ha sugerido que estos dos sistemas entrelazados, cumplen la ley física conocida como la paradoja EPR (A. Einstein, B. Podolsky y N. Rosen) que postula: “sistemas entrelazados y superpuestos, tienen información en común y dos entidades conectados en el espacio-tiempo tienen un pasado y un futuro en común que les permiten intercambiar información”. Con base en lo anterior en los 1990s, el físico Roger Penrose (8 de agosto de 1931), Premio Nobel de Física 2020 y el médico anestesista Stuart Hameroff (16 de julio de 1947), propusieron que la formación de la conciencia en el intrincado neuroconectoma debería obedecer a las reglas de la mecánica cuántica, cómo se mueven las partículas subatómicas. Y que este proceso maravilloso tendría que ocurrir en los diminutos microtúbulos, estructuras que por sus características anatómicas y fisiológicas pueden permitir la ruptura del espacio-tiempo que impide la superposición cuántica.
Cabe mencionar que los microtúbulos están constituidos por proteínas globulares con subunidades alfa, beta y gama que forman los “esqueletos” de todas las células vegetales y animales y que pudieran estar relacionadas con los tipos y las características de la conciencia.
Todo lo anterior nos puede permitir proponer que la formación de la conciencia en el cerebro sería como mirarse en el espejo cuántico, donde se “miran” las partículas subatómicas, desafiando la física clásica y accediendo a todo el flujo de información del omniverso en una percepción subjetiva, individual, cambiante, continua y selectiva.
Es importante recordar que el espejo cuántico de los microtúbulos del cerebro, están biselados con un patrón fractal que permite se reproduzcan procesos mentales complejos a partir de superposición y entrelazamiento de ideas y pensamientos simples que estarían formando la unidad cognitiva de la conciencia.
Lecturas
1-Penrose, Roger (1989) La nueva mente del emperador Oxford University Press
2.-Hameroff, Stuart (1987) Ultimate Computing, Elsevier ISBN 978-0444702838.
3.- Grush, Rick & Churchland, Patricia (1995) Gap’s in Penrose’s Toilings, Journal of Consciousness Studies, 2(1), pp. 10–29.
4.-Penrose, Roger (1994) Las sombras de la mente Oxford University Press.
5.-Ferrús, Alberto (2019) ¿Qué es la consciencia? Una aproximación desde las neurociencias. Editorial Salvat. España.
Enrique Canchola Martínez
Profesor e Investigador
Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa
Ciudad de México. México
8 diciembre de 2023





























