– La Historia Jamás Contada –
Fue en 1975, exactamente el 31 de agosto, cuando un amigo y yo pasamos frente al taller del maestro José Luis, radiotécnico, a quien saludamos y además le preguntamos, medio en broma, si ya estaba listo para el Informe, respondiéndonos a la vez que nos mostraba una bolsa de plástico llena de cassettes: “Sí, por eso me traje MI MÚSICA, para ponerla mientras dura el informe y poder trabajar a gusto”.
Era la época de Luis Echeverría, conocido por sus excesos digamos oratorios, pero que ahora no serían sino la pálida sombra de los extremos a que ha llegado la manipulación afectivo-ideológica, como se puede constatar al observar las ACTITUDES y COMPORTAMIENTOS de los adictos a los boletines y conferencias de prensa, comentarios en redes y material similar que inunda tanto los medios abiertos como el ciberespacio, a los cuales acuden regular y hasta frenéticamente para proveerse de una nueva dosis que refuerce la visión de la realidad que ese mismo contenido ha forjado en ellos.
Aquí es donde la táctica adoptada por nuestro amigo el técnico puede alcanzar toda su potencia DESENAJENANTE, con sólo formalizarla y generalizarla de modo que pueda ser utilizada por cualquiera de acuerdo a sus intereses y necesidades específicas. ¿Pero es posible hacer esto?
De hecho sí, pero antes son necesarias algunas precisiones, comenzando por la definición misma de “cultura” que, como sabemos quienes llevamos Etimología en la Escuela, significa literalmente “cultivo” o “cuidado”, como en “agricultura” = “cultivo o cuidado del campo”.
Por lo que la cultura propia a la que aludo en el título, se refiere a lo que el individuo ha cultivado en algún periodo de su vida, tal vez incluso el actual y que de alguna manera lo definen, proporcionándole una referencia sensible para construir su propia versión del Mundo, tanto para fines teóricos (filosofía) como prácticos, pues resulta evidente su capacidad de servir de piedra de toque respecto a la validez de cualesquiera (otras) afirmaciones acerca de la realidad.
Si no existe esta cultura propia o no es tomada en cuenta, no hay manera de establecer una comparación válida, siendo lo más probable que se adopte acríticamente una Weltanschauung cualquiera, así vaya en contra de lo que el individuo es o haya querido ser en su vida.
Es lo que sucede con los adictos a la propaganda, que al apropiarse de su contenido ideológico, lo hacen también de la carga emotiva que lleva, con toda la conflictiva resultante, pues se trata ya de individuos con una grave distorsión de su universo afectivo que los lleva no sólo a no reconocer ya vínculos con personas hasta recientemente entrañables sino, en caso de mostrarse éstas reacias hacia las nuevas creencias y afectos del sujeto, son transformadas inmediatamente en enemigos a aniquilar por el bien de la causa o el Líder, que vienen a ser lo mismo. (Existe abundante literatura especializada –scholarship– sobre este fenómeno a propósito de las llamadas “sectas destructivas”, a la que remito a los lectores interesados.)
Para concluir, quiero subrayar que esta técnica del maestro José Luis resulta muy eficaz como medida preventiva, una psicoprofilaxis para no caer en el embeleco de la propaganda, pero no así como terapia para usarse en sujetos ya brainwashed -para llamarlos coloquialmente-, como lo sabe cualquiera que alguna vez se haya propuesto rehabilitar a un adicto a cualquier cosa, para lo que se requiere de otro enfoque y otros medios, además de una puntual evaluación de si amerita el esfuerzo, las frustraciones y los riesgos -que no son menores- de intentarlo siquiera.
Hasta aquí mi reflexión de esta semana. Como siempre, ustedes tendrán su propia opinión.
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

































