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La generación faltante

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– La Historia Jamás Contada –

El concepto de BRECHA GENERACIONAL, que comenzó a utilizarse como categoría analítica hará unos cincuenta años, con motivo del desapego afectivo de la juventud emergente a lo que sus padres consideraban las metas del desarrollo personal, vuelve a ser relevante, pero ahora en un sentido práctico más que puramente descriptivo, como lo fue originalmente.

En efecto, mientras que en ese momento la separación entre generaciones se daba como un hecho de la vida (por no decir de la Naturaleza y específicamente de la biología) y sólo se describía su movimiento aparente, actualmente se percibe la necesidad de actuar sobre él, de hacerlo objeto de una PRAXIS y por un motivo perentorio: la acelerada tasa de descomposición social a que hemos llegado.

Si nuestra generación, una auténtica “generación de ruptura”, tuvo como respuesta de las anteriores la incomprensión e incluso la persecución, la que nos siguió indudablemente tuvo la del ABANDONO. Sobre cómo se dio éste, cuáles son sus características y, sobre todo, sus graves consecuencias para la estabilidad social, trataré de abundar enseguida:

DEFINICIONES

  1. Entiendo por “generación” un conjunto orgánico de personas que comparten rasgos sociales semejantes y coinciden en el mismo tiempo y lugar. Estos rasgos abarcan los comportamientos, actitudes, ideas, gustos, preferencias políticas y, en general, cosas que dan cuando menos una cohesión COMUNICATIVA, como se puede apreciarse en la cultura de masas.
  2. Por contraste, “tradición” es simplemente lo que se trae o arrastra de tiempo atrás y no necesariamente lo mejor y más deseable, pues muchas tradiciones resultan dañinas.
  3. “Tradicionalista” es el individuo o grupo que acríticamente reproduce ideas o prácticas sólo porque se las “inculcaron” sus padres o mayores, con algunos tradicionalistas espurios que hacen o promueven cosas que ni siquiera son propias, sino motivadas por la propaganda, lo que nos lleva directamente al
  4. “Bárbaro”: incivilizado, el incapaz de convivir con individuos más desarrollados socialmente. En ausencia de mecanismos sociales de contención -no necesariamente represivos-, su presencia en masa puede llevar a un proceso de transculturación regresiva que remita a formas ya superadas por la educación y el progreso, siendo el insospechado auge de la superstición, el fanatismo y la delincuencia de ahora, el resultado precisamente de ésta.

Entrando al análisis, la nuestra fue una generación decididamente URBANA, en la que pudimos pasar por una ADOLESCENCIA, entendida en los términos políticos de “lucha por la independencia ideológica de las generaciones anteriores”, rompiendo definitivamente con el provincianismo y negándonos a continuar la tradición de servidumbre y tolerancia al abuso que aún tenían nuestros padres, lo que nos alienó de ellos y eventualmente los llevó a atacarnos. También nos embarcamos en una “revolución de la vida cotidiana”, tomando un poco de aquí y allá y experimentando mucho con nosotros mismos.

En cuanto al Poder social formal, dejamos de ser asertivos con la ideología oficial, de corte clerical-priísta y las instituciones que la sostenían -incluidos los medios de entonces- y nos familiarizamos en cambio con la oposición activa, la libre expresión pública y la CULTURA. Todo esto dio a nuestra generación una IDENTIDAD propia, pero…

Al ser la nuestra una generación que se desarrolló a la defensiva, inventándose en contra de las expectativas tradicionales, no contó por principio con “una sociedad en la que valiera la pena tener un puesto” (Mario Savio, Berkeley, 1964) y los pocos que con los años fueron alcanzándolo, lo hicieron como otros tantos representantes del sistema tradicional, así que nuestra generación en cuanto tal, con todas sus innovaciones y lo que aprendió de sus errores, nunca llegó a asumir la conducción de la sociedad: es más, no se sabe que la haya reclamado siquiera.

Y con esto llego a mi tesis central: somos la GENERACIÓN FALTANTE de la Historia reciente, el vínculo o eslabón perdido entre las generaciones anteriores a la nuestra y la Actualidad, de la que para bien y para mal hemos sido ya sus artífices. Somos la generación-puente entre lo que criticamos del pasado y lo que tenemos ahora, nada admirable tampoco.  ¿Hay algo que podamos hacer al respecto? Probablemente, pero ese será tema de otro artículo.

Puebla, a 5 de enero de 2009.

(Como pueden ver, se trata de un artículo que escribí hace exactamente quince años, pero que continúa en plena vigencia.)

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.