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La reducción gradual de la jornada en México 

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Imagen del autor brotiN biswaS en PEXELS

Por René Sánchez Juárez

Durante más de un siglo, desde la Constitución de 1917, la jornada laboral máxima en México se mantuvo en 48 horas semanales. Este límite, propio de otra época, se volvió cada vez más anacrónico frente a las demandas de equilibrio entre trabajo y vida personal, la salud de los trabajadores y los estándares internacionales. En 2025, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum impulsó una reforma histórica al artículo 123 constitucional y a la Ley Federal del Trabajo, tras mesas de diálogo con sindicatos, organizaciones sociales y el sector empresarial. La medida respondió a una exigencia acumulada de millones de trabajadores y a recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre reducciones graduales. Beneficiará a alrededor de 13.5 millones de personas que laboraban 48 horas o más, al tiempo que busca modernizar las relaciones laborales sin generar impactos abruptos en la economía.  

La reforma establece una jornada ordinaria máxima de 40 horas semanales, con un máximo diario de ocho horas (siete nocturnas y siete y media mixtas). Se garantiza al menos un día de descanso con goce de sueldo por cada seis días trabajados. La implementación es estrictamente gradual, para permitir la adaptación de empresas y trabajadores: 

-2026: se mantiene en 48 horas (periodo de transición y ajuste de procesos, a partir del 1 de mayo).
-2027: 46 horas (a partir del 1 de enero).
-2028: 44 horas.
-2029: 42 horas.
-2030: 40 horas.

Un elemento central es la prohibición expresa de reducir salarios, prestaciones u otros derechos laborales por esta causa. Se regula el tiempo extraordinario de forma gradual (hasta 12 horas semanales al doble hacia 2030, con límites diarios y de días), se prohíbe el trabajo extra a menores de edad y se obliga a los empleadores a llevar un registro electrónico de la jornada, con multas en caso de incumplimiento. El decreto de la Ley Federal del Trabajo entró en vigor el 1 de mayo de 2026. 

Para los trabajadores, los beneficios son claros: más tiempo para la familia, el descanso, la educación y el ocio; menor desgaste físico y mental; mejoras en la salud y la productividad personal; y un mejor equilibrio vida-trabajo, alineado con estándares de países desarrollados. Al no afectar el salario, se eleva el valor de la hora trabajada y se protege el poder adquisitivo.

Para las empresas, la gradualidad facilita la reorganización de turnos, procesos y plantillas sin afectar la continuidad operativa. Trabajadores más descansados suelen mostrar mayor concentración, menor ausentismo y rotación, y mayor compromiso, lo que puede elevar la productividad a mediano plazo. Además, la reforma posiciona a México de manera más competitiva en el ámbito laboral internacional y obliga a innovar en la gestión del tiempo y la tecnología. En conjunto, la medida representa un avance histórico hacia relaciones laborales más humanas y eficientes, siempre que se implemente con diálogo y planificación.

René Sánchez Juárez es politólogo y maestro en Ciencias Políticas. Es académico de la BUAP. Dirigente FROC-Puebla.