– La Historia Jamás Contada –
La década de los ’70, como he apuntado en otros lugares, fue básicamente una de aclimatación, en la que se fueron incorporando a la vida cotidiana de la población -empezando por la clase media- comportamientos y saberes que todavía la época anterior eran extraordinarios, propios de individuos excéntricos.
Esto ocurría en todos los aspectos de la cotidianidad, desde los directamente sociales, como la manera de vestir y saludarse, los temas usuales de conversación y el contenido de los medios gráficos de entretenimiento masivo (literatura popular y cine), a los personales como la alimentación y cuidado del cuerpo, unidos al cultivo de habilidades físicas, artísticas e intelectuales (personal growth) y llegando al íntimo: aquello de lo que se ocupa el yo cuando está a solas consigo mismo.
En este último se abrió para el individuo introspectivo todo un panorama de intereses, entre los cuales sólo había que elegir y perseverar, contribuyendo al desarrollo de un mercado para satisfacer la demanda de bienes esotéricos -en el sentido original de la palabra- que sería el sustento material del llamado “Movimiento de la Nueva Era”, en principio un fenómeno comercial a escala masiva que terminaría imponiendo una moda, pues volvería a ser de buen tono ocuparse de temas ocultistas, tan desprestigiados conforme avanzaba el siglo por los “divulgadores de la ciencia”, evangelizadores laicos provenientes del positivismo.
Como el siglo anterior con el “magnetismo animal”, la teosofía y el espiritismo, la gente -sobre todo la joven- se acostumbró a hablar con naturalidad de astrología, numerología, el poder de las pirámides y tópicos parecidos, pero también de las experiencias vividas en estados ampliados (enhanced) de conciencia -psicodelia-, popularizadas por el entonces reciente movimiento hippie, que aportara también a este renovado interés por lo Oculto su característico toque panteísta, de comunión con el Universo, más que sólo buscar el dominio de fuerzas desconocidas como sucede con la hechicería tradicional. En consecuencia, el Mundo se encantó nuevamente (wiederverzaubert), como señalaron en su momento sociólogos e historiadores de la cultura.
Pero los menos jóvenes -finalmente la parte establecida de la población- sólo pudieron asimilar todo esto adaptándolo a las creencias y rutinas que ya traían, resultando así una insólita amalgama de pensamiento religioso tradicional con nociones científico-positivistas, veteada aquí y allá con alusiones a hechos extraños, como quedó plasmada en la literatura best-selling de la época y que ha persistido hasta nuestros días.
Pero aún con todas sus inconsistencias, esta actitud expresa -y además impresa– de apertura hacia lo no convencional, significó para muchos la oportunidad de sacudirse los dogmas tradicionales acerca de lo TRASCENDENTE que sostenían las religiones establecidas, que siempre terminan aliándose de facto con el Poder político -o “temporal”- en la tarea de sojuzgar el pensamiento y comportamiento INDEPENDIENTES.
Por eso no está de más cultivar también ahora alternativas propias que contrarresten el esfuerzo propagandístico de tantos regímenes actuales para volver a los “buenos viejos tiempos” (!) en que todos permanecían en su lugar ocupándose de lo suyo mientras el buen Rey, junto al pueblo bueno y sabio -aquí, los viejitos reaccionarios según ellos “de Izquierda” – que lo respaldaba, hacía lo que creía o sentía conveniente para garantizar la felicidad -o bienestar- de todo el Reino, como sucede desde Rusia hasta Latinoamérica, como aquí la 4T empeñada en devolvernos a la Edad de la Inocencia (clerical)priísta, cuando supuestamente no había estudiantes con ideas exóticas, minorías inconformes o críticos visionarios que concibieran mejores formas de convivencia social.
Por ello el asunto se ha vuelto una cuestión de elemental RESISTENCIA política frente al talante totalitario de estos regímenes restauracionistas.
¿O qué piensan ustedes, siempre conscientes lectores?
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.































