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La puerta

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Imagen de Peter H en Pixabay

Veo a diario
esa salida
que corre por mis brazos,
una puerta chica
sin orgullo,
sin amor,
un escape estético y romantizado,
indoloro.

Me arrodillo ante su posibilidad,
miro mis manos
manchadas de eso
que alguien más llamó pecado,
entonces
vuelvo mi rostro hacia aquella puerta chica,
intento recordar quien era
o quien quería ser
y no soy ninguna.

Ya no confió más en mi
sigo buscando mi razón de estar
de ser
pero…
si no la consigo
¿sabrán que no fue su culpa?

Les pediría perdón
pero si no me quedé
fue porque no pude
porque esa puerta
se volvió mi refugio de esto
que me controla
me cambia
y me culpa.

No es que desee irme
pero tampoco quiero seguir aquí
no así…
pérdida,
no así…
dañada.

Rene Rojano, Poeta fronteriza