El arte no es la verdad sencilla sino la belleza compleja
Oscar Wilde
Parecería que hoy todos los asuntos de interés convergen en las incontables e imprevisibles posibilidades de la Inteligencia Artificial. Incluso, se especula que servirá contra el cambio climático. Mientras eso ocurre, su aplicación en el mundo de las Bellas Artes es ya una realidad.
La IA, no sólo es capaz de manipular, jugar, animar, deformar, transmutar y des-sacralizar las obras clásicas -por ejemplo, poder escuchar el canto de la Mona Lisa de Da Vinci; ver al David de Miguel Ángel jugando golf y a las musas de La Primavera de Botticelli vestidas a la (degradada) moda de jeans deshilachados y ‘tennis a toda hora’, mientras cortan las flores del prado; incluso poder acariciar la pelambre del perro en Las Meninas de Velázquez, o algo más refinado como incluir a personajes de Ronda de Noche de Rembrandt entre los personajes de Música en las Tullerías de Manet, como test para probar a los eruditos y muchas más ocurrencias-, sino producir un nuevo género de arte que se me antoja bautizar como arte-posverdadero, un nombre asociado a cierto pensamiento1 que encaja con la realidad que estamos presenciando.
En un artículo anterior mostré la entusiasta recepción por parte de los más famosos museos y subastadoras del mundo por exhibir obras elaboradas mediante IA y sugerí la pertinencia de hacer un ejercicio de observación de una obra clásica, que nos permita distinguir, lo que es propio de una obra producida por un algoritmo y aquello que es producto de la creación humana, reflejo de la mente, percepción, habilidades de un individuo, dentro de cierta época con sus “múltiples determinaciones”, y que ha trascendido y conservado su valor a pesar del tiempo, las modas, intereses cambiantes. Una buena razón para analizar una obra como La Ronda de Noche de Rembrandt, es que conforme más conozcamos y aprendamos a ver y apreciar el arte clásico, más difícil será que nos den “gato por liebre” (por muy sofisticado el algoritmo que lo produzca), algo tan común en estos tiempos de bombardeo de información espuria, embustera, distorsionada, y manipuladora.
Contexto
Un primer aspecto que influye en la obra son las condiciones históricas, económicas y socio-culturales que prevalecen en la época.
Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669) nace en el siglo XVII, momento en que la República de las Siete Provincias -de las cuales Holanda era la mayor y más poderosa-, experimenta un crecimiento y prosperidad excepcionales. La situación de Ámsterdam, con un puerto natural, la hace rápidamente la ciudad de negocios más importante del mundo.
Holanda desarrolló un carácter propio basado en una nueva forma de ver el mundo después de la independencia lograda, una gran prosperidad del país marcada por el “orgullo ciudadano”. (Roscam, 2006). La religión calvinista apoyaba ese orgullo2. En los Países Bajos se valoraba la habilidad para reproducir fielmente las cosas. El arte de esa época reaccionó con un realismo cada vez más sorprendente. El historiador Johann Huizinga captó esta situación y define como rasgo de la mentalidad holandesa de ese tiempo “el amor a las cosas” (Kira van Lil, 2004). Por ello, el sermón sobre la futilidad de lo material era inevitable en la Holanda calvinista, así que el concepto de vanitas es uno de los ejes centrales de este periodo barroco, que parece aún más persistente en Holanda. Como apunta Descargues (1979) sobre la trascendencia del arte holandés, “la pintura holandesa no fue sólo un inventario poético de los bienes de este mundo…[sino una] pintura con profunda originalidad y su difusión tuvo una importancia universal” (p.193).
Otra circunstancia que permite entender el tipo de pintura barroca de Holanda es que, a diferencia de otros países, se constituye en una República y por lo tanto el poder político no estaba en manos de la corona sino de los ricos comerciantes y gobernantes. Por ello ni la Iglesia ni la aristocracia fueron clientes importantes del arte en ese país. La burguesía marcó la forma de las artes y los pintores estuvieron al servicio del interés de los ciudadanos. (Roscam, op. cit.).
Esto determina un género realista, una pintura totalmente nueva, de pequeño formato para la decoración de los hogares, como los paisajes y bodegones, antes vistos como accesorios ornamentales en la pintura histórica. O bien de gran formato para sedes de corporaciones gremiales, como es el caso de Ronda de Noche. Como apunta Kira van Lil (2004) desde el siglo XVII se consideraban dignas de ser representadas escenas costumbristas o de género que reflejaban la vida cotidiana y mostraban los interiores de las casas prósperas y ordenadas.
Otro aspecto clave fue el sistema de gremios. Más fuerte en los Países Bajos que en otros lugares, tuvo gran peso en la definición del tipo de retrato demandado a los artistas. Aunque, los pintores en Holanda eran considerados “artesanos” en ese tiempo, hubo artistas muy apreciados, bien pagados y colmados de honores. La calidad de la pintura de destacados autores como Franz Hals, Johannes Vermeer, Hendrick Goltiuz y Remabandt van Rijn3, mereció el nombre, de Edad de Oro holandesa, como la bautizó Arnold Houbraken (Van Lil, op. cit. 432).
Beatriz Acuña G.
1 Me inspiro en el término posverdad que según la RAE es un neologismo que se refiere a la distorsión deliberada de una realidad, manipulando creencias y emociones con el objetivo de influir en la opinión pública y en las actitudes sociales.
2 Según la religión calvinista y la idea de predestinación de Calvino, el éxito económico se considera una señal de preferencia divina. Esto explica en gran medida el regreso a la realidad material.. 3El nombre de Rembrandt es poco usual, esto le permitió firmar con su nombre de pila sin dar lugar a confusiones. Se sabe que mientras vivió en Leiden Rembrandt firmó sus trabajos con el monograma RHL: Rembrandus Hermannis Leydensis, pero desde 1632, cuando se muda a Ámsterdam, empieza a firmar con su nombre y a pintar más sobre tela que sobre madera (Roscam, 2006:8-14)





























