Por Salvador Calva Morales
¿Qué sabe el ser más sabio,
si al fin se extingue su voz en el viento?
Sócrates, faro de lo aprendido,
dudó de todo… y halló conocimiento.
Saber que no se sabe es lo más cierto,
pues lo demás es rumor casi muerto.
¡Ay, cuánto ignoro! Pero vivo en mí,
y en cada día descubro el sí.
No sé de leyes ni de astronomía,
ni me preocupa el saber profundo,
pues si respiro con dicha y poesía,
¿no soy acaso el sabio de este mundo?
Vivir, tan solo vivir, me basta:
la vida en gozo nunca se desgasta.
Yo no sé más que el arte de estar vivo,
de habitar el instante que me abraza,
de ser el pan, el vino y el motivo,
la calma que en mi pecho no se atrasa.
¿Para qué tanta ciencia en esta piel,
si el alma vuela sin mapa ni papel?
El saber brilla, sí, como la aurora,
mas cuando el cuerpo se rinde a la tierra,
¿a quién le sirve la luz que devora,
si el alma duerme, se eleva o se encierra?
Tal vez después el saber no se mida,
y lo que importe sea cómo fue la vida.
A quien me lea le dejo un consejo:
aprende mucho, cultiva tu mente.
Quien más conoce, menos va perplejo
y necesita menos del ausente.
Mas si no puedes, no te entristezcas:
la vida es gozo, ternura y certezas.
¿Saber poquito? A mí no me apena;
si Dios me llena, ¿qué más puedo pedir?
No hay sabiduría más plena
que amar la vida y saberla vivir.
El alma sabia no teme al futuro,
con fe y con amor, todo es más seguro.
Saber sin amor no es más que ruido,
y quien ama, ya lo ha comprendido.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta































