Por Beatriz Acuña G.
Tengo frente a mí el libro sobre Sor Juana Inés de la Cruz, ENIGMAS. Ofrecidos a la Casa del Placer. Edición y estudio de Antonio Alatorre, publicado por El Colegio de México en 2024. Como se lee en la Presentación, se trata de una versión enriquecida del trabajo de Alatorre de 1994 -que hasta su muerte en 2010 continuó estudiando la obra de Sor Juana-, también publicado por dicha institución, más una Addenda de Martha Lilia Tenorio. Contiene los Enigmas, mismísimos que Sor Juana dedicó y regaló a finales del siglo XVII a las monjas portuguesas de la Casa del Placer.
El regalo me llega después de fechas simbólicas en que se celebró la poesía y la palabra impresa, es decir, el libro. Pero no hay fecha para apreciar un análisis erudito con los recursos que destacan el genio de Sor Juana, y deleitarse con los versos de la excepcional monja, además de recibir los beneficios que ofrece la poesía para la mente humana. Qué mejor oportunidad para re-encontrarnos o explorar la obra de Sor Juana y asomarnos al proceso que culminó con los Enigmas.
El texto de la poetisa sirve muy bien como ejemplo que confirma las ideas expuestas por el Dr. Canchola en un reciente artículo del mes de abril: “la poesía actúa como un puente entre la mente y las emociones, conectando lo racional con lo emocional en una experiencia profundamente humana. Escribir poesía requiere desafiar al cerebro, pensar de manera original, conectar ideas aparentemente dispares y explorar emociones profundas” (eso es precisamente lo que representan los Enigmas. Ahora podremos, si queremos, completar el desafío y descifrar el significado que encierra cada enigma.
Como leemos en la presentación del libro de Alatorre, es de llamar la atención que haya sido hasta 1968 cuando aparecen en México por primera vez los Enigmas, editados por Enrique Martínez López . Esto a pesar de que hacía mucho tiempo que se conocía en nuestro país el legado de Sor Juana.
Treinta años después, en 1991, Alatorre toma la decisión de terminar sus escritos sobre la monja, gracias a una noticia que le adjudicaba a Sor Juana unas adivinanzas ramplonas, conocidas como el Oráculo de los preguntones, que ya Méndez Plancarte había llamado “una “bobería completamente descabellada” (…) y en palabras de Alatorre: “una chabacanería… injusto merecedor de los honores de excelencia de los Enigmas” (p. 12). El autor completa su trabajo en 1993, y en 1994 es publicado por El Colegio de México.
Como recuerda el autor, los Enigmas representan una de las últimas obras “mundanas” de la monja, de fecha de enero 1695, cerca de tres meses antes de su muerte.
Mi propósito en este texto es hacer una breve presentación del libro de Alatorre sobre la obra citada, que considero una joya, de lectura fascinante que nos entera de eventos y situaciones desconocidas para muchos. De modo que además de tener la guía del autor, que nos comparte su lectura e interpretación, develando el sentido de versos que deslumbran con las figuras retóricas de Sor Juana y propias del Barroco, expresiones de un lenguaje elusivo, descubrimos además detalles interesantes de las circunstancias que rodearon la elaboración de los Enigmas. Los recursos y maestría de Alatorre para relatar y destacar el quid de tal o cual verso, clave para desentrañar la intención implícita del pensamiento de Sor Juana o en su caso, de los versos de las monjas de la Casa del Placer, y de la misma Condesa de Paredes, se pone de manifiesto en cada página del libro. Parece difícil igualar la manera elegante, acertada, sutil, firme de decir las cosas del autor, incluyendo las observaciones donde señala los que considera errores de apreciación del mismísimo Octavio Paz en Las Trampas de la Fe.
Un lector que aprecie la obra de Sor Juana, encontrará un libro cautivador, que le llevará cada momento a descubrir con mayor interés pasajes de vida de la monja y su obra.
Vale mencionar que esta edición tiene el valor adicional de incluir cuatro manuscritos de Sor Juana, que Alatorre encontró en la Biblioteca Nacional de Lisboa . El autor combina su erudición con la pluma de gran escritor que le ha dado fama. Así que, no sólo disfrutamos del qué nos cuenta, sino del cómo lo cuenta.
Si bien todo eso, el contexto que enmarca el quehacer poético de la monja, acentúa su valor, como poeta y como mujer, también es cierto que uno confirma que sus versos son una especie de encantamiento del que no podemos sustraernos. Uno va de la admiración a la sorpresa, de la curiosidad a la reflexión, de la pregunta a la duda, para volver a la admiración. También gozamos de los versos de las otras monjas portuguesas que pertenecían a la aristocracia “de sangre o de dinero”, una poesía “exquisita, la aristocrática, la ultra barroca, la de las finas disecciones de los afectos humanos”, dice Alatorre (p.41).
El agradecimiento que hace Sor Juana Inés a los españoles que elogiaron abundantemente el Segundo Volumen de su obra, empieza así: “¿Cuándo númenes divinos/ dulcísimos cisnes, cuándo/ merecieron mis descuidos/ ocupar vuestros cuidados?/ (…)¿qué mágicas infusiones/ de los indios herbolarios/ de mi patria, entre mis letras/el hechizo derramaron?…” (p. 25)
Me pregunto, ¿quién podría hoy, de manera tan refinada, escribir algo parecido, o insinuar siquiera, algo como brebajes o pócimas de nuestros indios originarios con poderes para hechizar a quien los pruebe? Quién, digo, podría hacerlo, sin ser acusado de superstición, racismo o alguna otra cosa?
Cuando uno lee los poemas de la condesa de Paredes y se da cuenta de su talento, entiende que haya conectado de manera tan natural y profunda con Sor Juana, la condesa era una mujer instruida, culta, sensible, segura de sí, lo que hoy llamarían las feministas “empoderada”, pero era más que eso, era una mujer auténtica, honesta, brillante, valiente, que uno no puede menos que admirar y envidiar (en el mejor sentido) la amistad que construyeron y apreciar que haya servido de inspiración y protección a Sor Juana.
En el capítulo Naturaleza de los enigmas, encontramos las definiciones y alusiones al término que diferentes autores han pensado desde la antigüedad. Alatorre recuerda los escritos de Gracián quien aborda el tema prolijamente con ejemplos y descripciones, desde Aristóteles hasta sus contemporáneos. Covarrubias, pionero en su estudio, merece la siguiente cita de Alatorre: “Enigma, es nombre griego … aenigma; es una escura alegoría o qüestión y pregunta engañosa y entricada, inventada al alvedrío del que la propone”. (p. 60).
También se asocia a la Esfinge, que según la mitología era un monstruo en Tebas que les ponía enigmas a los viajeros; y del Grifo dice: “es una otra quimera o esfinge (…) lo que vulgarmente llamamos qué es cosicosa, que por entendimiento los antiguos, después de mesas alçadas en los combites se ponían unos a otros”, y parecían “….monstruos compuestos de cosas incompatibles…”. (p. 61). Al fina resultaban cuestiones sin mucha gracia, pero lo principal es que dejaban una lección una moraleja.
En suma, se entiende que el enigma deja a la persona “atada y enredada” cuando no puede dar la respuesta verdadera.
En el tiempo de Sor Juana, los enigmas eran parte de la literatura. Esta tendencia fue propia del “barroco”, y dominó durante el siglo XVII aunque duró hasta principios del XVIII. Sor Juana utilizó los enigmas concisos y no los “verbosos” . También según Gracían serán más célebres entre más enseñanzas morales dejen. Un rasgo adicional es la gracia, la cual puede provenir de la acústica, o un juego verbal ingenioso. Por ejemplo, en la tradicional adivinanza: “Tito, tito capotito, sube al cielo y pega un grito”. Alatorre destaca que Los Enigmas de Sor Juana, no tienen una gracias ingenua, sus recursos son infinitamente más ricos están hechas de “simetrías artísticas, antítesis, retruécanos, paradojas, o sea la gracia ‘ultra barroca’…” (pp.70-72).
En la Dedicatoria a las monjas portuguesas de la Casa del Placer, prevalecen los elogios a sus pares, enfatizan el talento de las monjas, cuya inteligencia dice Sor Juana, podrá resolver con facilidad los enigmas “… dignos de (…) la Casa del Placer”, donde habitan estrellas brillantes que además gozan de la “protección de tantas y tan superiores divinidades”. En la Dedicatoria del librillo se lee:
“A vuestros ojos se ofrece/este libro, por quedar/ ilustrado a tanto sol/digno de tanta deidad. (…)
Reverente a vuestras plantas,/solicita, en su disfraz,/no daros qué discurrir/
sino sólo qué explicar”.
Alatorre traduce los versos de manera que no queda duda que los Enigmas están hechos para inteligencias superiores y la nobleza de la ofrenda está relacionada con la nobleza de la protección. La protección se refiere a que, a pesar de la censura los Enigmas pudieron llegar a Portugal a la Casa del Placer , gracias a diversas, influencias, incluida, la de las “monjas linajudas… de la Corte Lisboleta”. (p. 57). Sin duda tuvo mucho que ver la duquesa de Aveiro y sobre todo, la condesa de Paredes en la vida y publicación de la obra de Sor Juana, de quien afirmó que le debía todo lo que hizo.
Aclara Alatorre que en su análisis al principio dedujo que no se trataba de “verdaderas adivinanzas”, después rectificó y declaró que “detrás de la retórica a las ‘divinas inteligencias’ Sor Juana propone ‘verdaderos acertijos’, auténticas adivinanzas de difícil solución y con sentido moral… cada redondilla esconde un misterio” (p. 79).
Como es sabido, la afición de la monja jerónima por la poesía fue mal vista, cuestionada y censurada, en primer lugar, por su confesor el padre Antonio Nuñez quien le prohibía perder el tiempo y componer versos “mundanos”, pero también el Arzobispo de México, Francisco de Aguiar y Zeixas y don Manuel Fernández de Santa Cruz, obispo de Puebla, la reprobaban. Alatorre califica la reacción de Sor Juana ante la actitud “tiránica” del padre Nuñez como un “extraordinario manifiesto de libertad intelectual”. Dicha carta no tuvo la intención de ser difundida y publicada, se dio a conocer hasta 1981 . Dice el autor, es un “testimonio de la valentía de Sor Juana que defiende no sólo su derecho a usar el tiempo libre como desea”… sino que no implica ninguna ofenza a Dios, ni falta a sus deberes.
Francisco De las Heras, editor de sus textos hizo una observación ¡hace más de tres siglos¡, para sorpresa de las feministas de la cuarta ola, viniendo de un hombre del siglo XVII: “pensar que las facultades intelectuales de las mujeres son inferiores a las de los varones, denota ‘estolidez rústica’, las almas no se distinguen por el sexo . Lo que importa es la buena poesía sea hombre o mujer quien la haya compuesto”. El mejor aliado de Sor Juana fue, según Alatorre, “un fraile viejo, experimentado, erudito”, Luis Tineo de Morales, quien en el Prólogo a la Innunación Castálida afirma que, a pesar de las críticas que ven sus ideas como impropias para una monja, a él no le hace “el menor escrúpulo”, lo que importa son las facultades poéticas de extraordinaria perfección “…prendas y habilidades divinas, que Dios pone en algunos sujetos para demostración de su gran providencia”, motivos de alabanza y no de ofensas de Dios. (p. 39). Ya lo dice Sor Juana en aquellos famoso versos “(…) Teniendo por mejor, en mis verdades,/consumir vanidades de la vida/que consumir la vida en vanidades.”
Recuerda Alatorre la Carta a Nuñez donde Sor Juana pregunta: ¿Por qué ha de ser malo que el rato que yo había de estar …[ociosa] lo gastara en estudiar?. Me parece magnifico el señalamiento de que Sor Juana “no se pasa las horas devanándose los sesos, mordiéndose las uñas, buscado consonantes y metáforas; (…) no anda extraviada en busca de la poesía, “sino que la poesía viene a ella, se le entrega” (p. 34)
Los Enigmas son un reto a la imaginación, rompecabezas de figuras retóricas, alarde de erudición e ingenio, que requieren imaginación, conocimiento, reflexión, intuición y justamente, romperse la cabeza un poco. Con justa razón la Condesa de Paredes afirma que sólo Sor Juana pudo hacer “de claridades obscuras,/lo no entendido, discreto”. Y sor Francisca Xavier: “Hiciste con ideas tan confusas/aún discretas las mismas confusiones”. (p.74). Por último, vale notar que Alatorre considera que Gabriel Zaid sea quizá quien mejor haya explicado la diferencia entre una adivinanza y un enigma. La adivinanza se responde con una palabrita (el cohete, la campana), a los enigmas se contesta “con raciocinio, con discurso, con relato”.
Se podría pensar que en realidad el libro es materia para eruditos, o sorjuanistas, estudiosos del idioma, la poesía, pero no hacen falta tantas aptitudes para disfrutar de esta joya, todo es cosa de gusto y curiosidad. Quien tenga el gusto y la curiosidad de leer el libro, deseo que le guste, lo disfrute y sea motivo para discurrir entre amigos. Y a la vez recibirá los beneficios de leer poesía.
Para finalizar me permito transcribir unos cuantos enigmas para el lector que desee probar su imaginación, divertirse o devanarse los sesos para de encontrar las respuestas.
Transcribo cuatro de los veinte Enigmas de Sor Juana Inés de la Cruz.
1º.
¿Quál es aquella homicida
que, piadosamente ingrata,
siempre en cuanto vive mata
y muere cuando da vida?
3º
¿Quál puede ser el dolor
de efecto tan desigual
que, siendo en sí el mayor mal,
remedia otro mal mayor?
7º.
¿Quál será aquella pasión
que no merece piedad,
pues peligra en necedad
por ser toda obstinación
13º.
¿Quál es la temeridad
de tan alta presunción
que, pudiendo ser razón
pretende ser necedad.
Referencias pie de página
1Dice Alatorre que esa publicación “tuvo la extraordinaria mala suerte de no ser mencionada, que yo sepa, ¡por ningún sorjuanista!” (p. 13).
2No me detengo en la descripción del juego del Oráculo, el lector podrá encontrarlo en libro de Alatorre.
3Me pareció muy interesante la Dedicatoria y el Prólogo de Sor Juana. Pero, asimismo, leer los versos de la condesa de Paredes, y los poemas de las monjas de la Casa del Placer, fue todo un descubrimiento, sólo de imaginar que esos escritos son de fines del siglo XVII.
4Cuyo nombre resulta a todas luces de alta alcurnia: María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, condesa de Paredes. Aunque no hay que juzgar a la ligera sólo por eso, tener nombres numerosos puede obedecer a otras causas. Me sorprendió, por ejemplo, cuando supe el nombre completo de Juan Rulfo: Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaino.
5 “Verbosos” como se puede deducir, son los que se dicen con muchas palabras. En cambio, los concisos son más perdurables …”se adhieren a la memoria y tienen más capacidad de impacto”. (n. 58, p. 71).
6Se estima que esto fue a fines de 1693, pero hasta 1695 se completa el librillo. En los versos de agradecimiento Sor Francisca Xavier escribe: “Con razón el altivo pensamiento/ consagraste a deidades superiores/cuyas aras perfuman, temerosas/ aún las más reverentes oblaciones” (p. 54)
7De rancio abolengo portugués, casada con el duque de Arcos, de la nobleza española. A ella Sor Juana le dedicó varios romances.
8Véase el artículo de Alatorre “La Carta de Sor Juana al padre Nuñez”, Nueva Revista de Filología Hispánica, 35 (1987), pp. 668-672.
9Término cada vez más en desuso, desde que se impuso el sinsentido de la palabra “género” para distinguir el sexo de las personas. En la escuela aprendí que son los objetos los que tienen género y número. Sólo falta que mañana se hable de los transgéneros como fanerógamos y criptógamos, según puedan o no dar flor y fruto. Todo puede ser.
Beatriz Acuña. Doctora en Literatura



























