
Por Enrique Canchola Martínez
Dicen que nací con un Coyote
Que lo vieron aullar en mi cuarto
En el momento de los dolores del parto
Cuando mi madre soltó el llanto
Dicen también que mis ojos brillaban
Como los ojos del coyote
Que mis ojos ya veían el mundo
En el reflejo del sol en el horizonte
Dicen que mi boca sonreía
Que a las miradas respondía
Aun teniendo pocas horas de nacido
Dicen que a los siete y quince días
El coyote en mi compañía seguía
Dicen que cada verano volvía
En la fecha y hora de mi nacimiento
Algunos dijeron que el coyote
Eran la transmutación de mi alma
Que vino a abrir la ventana
Del conocimiento y la conciencia
Por donde ascendió con calma
Mi espíritu construyendo
La transmutación con sus dones
De la mano y del consejo del coyote
Que de mi no se olvida
Y viene a visitarme puntual
cada año en el verano
Enrique Canchola Martínez
México 15 de agosto de 2025





























