Aunque los techos altos, la luz natural, una buena ventilación y un mobiliario bien dispuesto pueden parecer detalles menores, cuando una persona pasa horas conectada a una máquina para filtrar su sangre, estos elementos se vuelven decisivos. Un estudio mostró que dichos factores influyen en la percepción de bienestar de los pacientes renales, incluso con ajustes simples como cambiar el contenido audiovisual o incorporar sonidos de la naturaleza.
Así lo concluyó una investigación adelantada por el psicólogo Héctor Alfredo Gamba Collazos para su Doctorado en Psicología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en la cual analizó cómo las características físicas del entorno hospitalario –desde la arquitectura hasta los estímulos sensoriales– influyen en la experiencia emocional de los pacientes y su satisfacción con el tratamiento. El estudio se enfocó en la percepción, un proceso psicológico esencial en la manera como las personas se relacionan con los espacios que habitan.
El estudio se realizó en la Unidad de Hemodiálisis del Hospital Universitario Nacional (HUN), de la UNAL, a la que cada semana asisten cerca de 90 pacientes –en distintos turnos–, quienes enfrentan uno de los tratamientos más invasivos y prolongados que existen: la hemodiálisis, a la que deben acudir tres veces por semana durante varias horas para que una máquina filtre su sangre y supla la función de sus riñones.
Esta rutina implica no solo un desgaste físico considerable sino también un impacto emocional profundo. “El espacio en el que pasan tantas horas puede ser una fuente de estrés o de alivio, ya que facilita, dificulta o incluso imposibilita acciones rutinarias”, explica el psicólogo Gamba.
La experiencia como punto de partida
La investigación se desarrolló en dos fases. En la primera, exploratoria, participaron 41 pacientes que asistían en distintos turnos semanales. En la segunda se conformaron dos grupos: uno de control, con 39 personas cuya sala se mantuvo sin cambios, y otro experimental, con 24 usuarios expuestos a intervenciones en el entorno físico durante su jornada.
El enfoque de la primera etapa fue cualitativo y fenomenológico, centrado en comprender las experiencias de los pacientes: cómo perciben el espacio, cómo se sienten y cómo interpretan su entorno durante el tratamiento. Estudiantes de Psicología apoyaron este proceso entrevistando a los usuarios de la Sala de Hemodiálisis para entender su vivencia del lugar.
Durante esta fase se identificaron tres capas del ambiente construido que influyen en la percepción: (i) la estable, relacionada con la estructura arquitectónica como techos, ventanas y área construida, (ii) la semiestable, referida al mobiliario, los equipos y la decoración, y (iii) la fisicoquímica, que incluye factores como luz, sonido y calidad del aire.
Los pacientes compartieron percepciones muy concretas: desde la dificultad para desplazarse en un espacio estrecho, especialmente quienes usan sillas de ruedas eléctricas, hasta la frustración de no poder ver el exterior por la ausencia de ventanas.
“Si las personas no tienen control sobre el ambiente físico que las rodea es probable que experimenten síntomas depresivos o mayor ansiedad, ya que la falta de control genera malestar psicológico y puede llevar a lo que se conoce como ‘desesperanza aprendida’, es decir, dejar de intentar cambiar una situación por creer que nada tendrá efecto”, explica el investigador.
Con base en estos hallazgos, en la segunda fase del estudio se aplicaron cambios específicos para el grupo experimental. Las modificaciones incluyeron contenidos audiovisuales más atractivos —como documentales en vez de noticieros—, imágenes de paisajes naturales en pendones, sonidos de la naturaleza, cápsulas informativas sobre la iluminación y el flujo de aire en la sala, además de ejercicios de respiración guiada.
La satisfacción de los pacientes se evaluó mediante cuestionarios antes y después de la intervención, complementados con entrevistas personalizadas. Tras los cambios en el entorno los resultados mostraron que los usuarios del grupo experimental reportaron un aumento de 4 puntos porcentuales en su percepción de bienestar con respecto al grupo control.
Un hallazgo destacado de la fase exploratoria se relaciona con la quietud que deben mantener los pacientes de hemodiálisis durante las 4 horas del tratamiento, como por ejemplo no mover el brazo canalizado, lo que les genera fatiga, calambres y malestar físico, situación que plantea que la restricción del movimiento no equivale a inactividad, sino que, por el contrario, merece atención y debe ser reconocida, y en lo posible aliviada.
“Los pacientes no solo notaron los cambios, sino que además expresaron sentirse más tranquilos e incluso con mayor motivación para asistir a sus sesiones de hemodiálisis”, señala el doctor Gamba. También reconocieron elementos del entorno que antes pasaban desapercibidos y aprendieron a manejarlos, lo cual sugiere que la percepción del espacio hospitalario puede mediar entre las condiciones físicas del lugar y el bienestar emocional. Esta relación se fortalece aún más cuando los usuarios reciben información que les permite comprender y responder mejor a su ambiente.
Fuente: agenciadenoticias.unal.edu.co





























