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Los tres libros del juicio final (Artículo)

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He ejercido el derecho desde que egresé de la licenciatura. Y tuve contacto con el litigio desde el tercer semestre. Mi testimonio no es el de un absoluto experto, pero confieso que mi pluma ha estado en el frente de grandes combates litigiosos; me ha llevado del juzgado más humilde a la ponencia de ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Con esto, quiero decir que mi humilde opinión en lo siguiente es fundada por conocimiento derivado de la experiencia.

Si alguien me preguntara: tienes la oportunidad de llevarte tres libros al Infierno para defender en juicio tu alma y/o la de otros, ¿cuáles te llevas? Yo diría: 1.- La Biblia (o el texto sagrado que usted recomiende, también) 2.- Teoría General del Proceso de Ovalle Fabela y 3.- Los Guardianes de John Grisham. Es una pregunta que he contestado un centenar de veces en formulaciones menos dramáticas, pero no por ello menos válida mi respuesta. Obviamente, es una recomendación desde un apasionado, joven abogado, con vocación para el servicio público y el combate argumentativo. Ojalá nunca tenga el dilema que le planteo, sea abogado o no, pero quiero exponer la valía de mi selección:

1.- Del libro sagrado es natural; no importan los términos, sabemos que no somos lo más grande y conociendo el destino del escenario que planteo, es evidente su utilidad. También quiero defender que tal clase de lectura es una constante en el desarrollo histórico de la humanidad, su utilidad, valía, no requiere mayores palabras.

2.- Ovalle Favela es un autor cuya lectura es tanto obligada, como vigente, en la carrera de derecho. Es un autor mexicano que recopila y ordena los conocimientos básicos para empezar a comprender figuras complejas como el debido proceso o el acceso a una defensa adecuada. ¿Quiere entender bien qué es el efecto corruptor y qué pasó en el caso Florence Cassez (Florence Marie Louise Cassez Crepin)? Entonces, tiene que empezar con Ovalle. Se trata de un libro de texto para estudiantes, puro y duro. Las grandes revelaciones del derecho no se encuentran en ese libro; pero sí explica los cimientos que conforman grandes argumentos. Como estudiante, en la práctica litigiosa y explicando a otros, Ovalle Favela es un referente que no falla y un buen inicio para la búsqueda de argumentos y soluciones complejas.

Para usted lector estudiante de derecho o abogado en ejercicio, pregunto: ¿Si él no, quien? (respetuosa y seria la pregunta).

3.- Respecto a Los Guardianes: John Grisham es un conocido novelista de historias de abogados. Se podría decir que es el Stephen King de los juristas. Pero, de entre todas sus novelas, ésta narra la historia de una defensoría de oficio (El Ministerio de los Guardianes), una clase de fundación altruista que se dedica a defender casos extremos de pena de muerte, es clase de casos que está en los últimos recursos y el condenado es un inocente que no tuvo acceso a defensa legal competente y oportuna. Se trata de una lucha idealista desde un personaje pragmático y con el que es fácil empatizar. Cullen Post es un abogado que ejerce las funciones de primer contacto y acompañamiento en los juicios que toman los Guardianes, viaja constantemente solo en carretera y tiene una carrera paralela como sacerdote; lo cual, justifica su rol de abogado que sabe sostener la mano hasta el final.

¿Por qué escribir de esto? porque es la reivindicación del conocimiento y la motivación que sólo deriva de la lectura; lo que se pone al servicio de quien prueba merecerlo, y basta con leer; como lo hace usted, amable lector. Ese conocimiento no puede reducirse a un vídeo de 30 segundos.

En mis años de experiencia (espero que sean sus inicios), he comprendido la genuina utilidad del razonamiento expuesto en letra impresa: encontrar la respuesta a tu problema en un diálogo que se ha mantenido vigente por siglos. Leer un libro o un texto completo no es para pasar el examen en la formación y no volver a regresar a éste. De mi mentor (de quien aprendí a litigar) escuché que “la carrera de derecho no te enseña derecho”, te enseña a buscar tu respuesta e interpretarla de la ley” (palabras más, palabras menos; uno o seis tequilas y dos tortas de milanesa). En litigios de cantidades inconcebibles para mi cabeza de humilde origen, vi a mi mentor ejercer el conocimiento como un arma que no siempre se dispara, que se alardea y se engaña si se quiere, pero se siente su peso y letalidad y sigue siendo real, aun en ciertos espacios. Sí, también como todos he visto corrupción; yo he visto otra cara. He sido testigo, no solo de presenciar el triunfo de la verdad y razón que se encuentra en el estudio y la lectura, sino de ser usadas como un arma contra el tirano y el villano. El conocimiento sigue siendo valioso y su costo de obtenerlo seguirá incluyendo el mérito de la lectura. Entonces, el rol que aprendí a admirar fue el del abogado que estudia y lee bastante; es al que los demás voltean a ver cuando las cosas se ponen difíciles. Leer es el origen de un poder al que no he encontrado fondo aún.

En un país y en una realidad tan desigual; el conocimiento es una herramienta selectiva de igualdad, no basta pagar con moneda para obtener su néctar, debes merecerlo. Para quien va a entrar a la carrera o a un estudio profesional, le doy un consejo: si no ha hecho la lectura, plantee resolver su vida y tomarse el tiempo para merecer el conocimiento cuando tenga más disposición. A clase se llega con la lectura hecha; sino, es un desperdicio. No importa la disciplina o campo del conocimiento del que hablemos, hay belleza y técnica en la escritura que requiere de lectura.

En suma, tanto si usted es ajeno o no al derecho, espero no encontrarnos en la necesidad de que nos conozcamos mientras confirmo lo siguiente: al infierno, para defender mi alma y/o la de otros, en juicio, me llevaría estos libros: 1.- La Biblia (o el texto sagrado que usted recomiende, también) 2.- Teoría General del Proceso de Ovalle Fabela y 3.- Los Guardianes de John Grisham. Pero, la lección general aplicable para esta vida es: leamos. Con ello, agradezco su lectura y, de encontrarnos en un banquillo antes de audiencia, le adelanto que no le prestaría la novela; ese es para relajar e inspirar antes de comparecer ante el juez.

Hiram A. Cervantes, Escritor y litigante mexicano