– La Historia Jamás Contada –
A sólo mes y medio del recambio de Gobierno, esto es, el consabido enroque más la entrada de refuerzos para apuntalar las posiciones que aún sienten débiles dentro de su plan para la conquista total del Poder, no está de más averiguar qué tienen en mente los próceres de la 4T, ahora en versión recargada, respecto a la Cultura, habida cuenta de ser ésta la que alimenta el imaginario de la gente.
Siendo un campo prácticamente desconocido para la dirigencia promedio de las Instituciones u organizaciones, del tipo o tamaño que sean, la actividad cultural suele delegarse a funcionarios menores, casi anexos, como en las Secretarías de Cultura y Deporte sindicales (Una amalgama bastante incómoda tanto para artistas e intelectuales como deportistas y quienes siguen a unos u otros.)
O bien la cartera cultural se la entrega en concesión a alguien externo, usualmente sin examinar sus antecedentes o experiencia en la promoción y difusión de la Cultura, que no es equivalente a simplemente ser culto (literalmente, “cultivado”).
Pero en este caso y momento particulares, cabe aún la posibilidad, ésta sí ominosa, de entregar la Cultura como un recurso más al aparato de adoctrinamiento de los propagandistas del régimen, como por lo demás ya se observa en el planteamiento mismo de la “nueva escuela mexicana” (?)
Por eso conviene saber distinguir desde este momento entre los diferentes conceptos de “Cultura”:
El primero es el tradicional, de carácter canónico o preceptivo, como si la Cultura debiera apegarse a un conjunto de normas establecidas a priori, es decir, previas a cualquier experiencia cultural concreta, lo que corresponde a un pensamiento arcaico, propio tal vez del Platón de LA REPÚBLICA, pero ajeno a lo que ha venido a ser la Cultura en nuestra moderna Civilización secularizada, donde lo metafísico (mítico, religioso, sobrenatural, etc.) no prima sobre lo terrenal.
Parte esencial de esta concepción es la inclusión en ella de la Ética, que aún en el mejor de los casos no pasa de ser una ideología, con lo que la Cultura se convierte en un mero vehículo de ésta: así es como la conciben los “educadores” (?) sectarios, tanto los abiertamente religiosos como los que se dicen laicos, comenzando por los políticos profesionales, quienes consideran por igual que la única tarea legítima de ésta es ser un instrumento para el mejoramiento moral de la población.
Pero existe otra, que considera “cultura” a todo lo hecho por los humanos, sean cultos o no (ambigüedad reflejada en la palabra alemana Kultur, que siempre se aclara en el contexto), el “caballo de batalla” de los antropólogos no críticos, que equiparan las producciones propiamente culturales, autónomas, pensadas, con la producción socialmente necesaria (la “producción social de la existencia (material)”, en palabras de Marx) que se realiza por necesidad. Confusión de la que proviene la falacia del “pueblo sabio” a la que son tan afectos los demagogos populistas.
Así que tenemos ya dos formas aparentemente opuestas de concebir la Cultura: una preceptiva, cuyo contenido y propósito los establece el grupo en el Poder con el fin de eternizarse en él, mientras que la otra, la antropológica (vulgar), identifica la Cultura con lo inmediatamente dado, preservando igualmente un “estado de cosas” (statu quo).
Pero ambas son, en último análisis, idealistas en el sentido filosófico, pues se sitúan más allá del tiempo y la materia: más allá de la Historia.
No, la Cultura es algo más temporal, contingente, menos predefinible y más fruto de la creación (con minúsculas, humana) individual dentro de una época específica.
Por eso, promover la Cultura, más que dar recetas o repetir ad nauseam rituales vacíos ya de todo sentido –como los (ab)usos y (malas) costumbres de tiempos pasados- es dar o ver que se den las condiciones materiales que permitan a la vena creativa de los individuos expresarse, literalmente MATERIALIZÁNDOSE, lo que implica también dotarlos de un sólido conocimiento y preparación técnica que los haga CAPACES y DESEOSOS de hacerlo.
De ahí que la particular definición de “Cultura” que proponga ahora el régimen no sea casual ni inofensiva: siempre habrá una segunda intención debajo, a la que MÁS NOS VALE ESTAR ATENTOS…
¿O qué piensan ustedes, amables lectores?
Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.



























