Por Salvador Calva Morales
Cargué tormentas que no nacieron en mi cielo,
hice espacio para dolores ajenos;
los hice míos sin darme cuenta.
Me acostumbré a dar abrigo cuando yo también tenía frío.
Me volví refugio abierto,
aunque por dentro acomodaba mis grietas
para que nadie las notara.
Me llamaron fuerte, sereno, auténtico y necesario.
Acepté esos nombres como si fueran destino,
sin preguntar quién cuidaba de mí
cuando el día se acababa
y el cansancio se hacía eterno.
Aprendí a escuchar sin romperme,
a salvar aun cuando me estaba apagando.
Confundí entrega con desaparecer despacio
y llamé amor
a quedarme siempre al final sin nada.
Hoy entiendo, con más calma,
que no todo lo que dolió nació en mí.
Asumí pesos por lealtad y por costumbre,
y en ese intento de resistirlo todo
me fui dejando sin apagarme
y quedando más fuerte hasta el final.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























