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México exterminado: El abandono

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Imagen auspiciada por PIXABAY, proporcionada por Pexels

Estoy perplejo; estamos en “shock”. Ese estado no se deriva meramente de imágenes de unos zapatos que evocan el holocausto del siglo pasado en el viejo continente. El descubrimiento del campo de exterminio y de reclutamiento forzoso en Jalisco fue un golpe de realidad para todo mexicano de bien; nos demostró lo abandonamos que estamos. He ahí el origen de mi sentir y que veo reflejado últimamente en los ojos de otros mexicanos con preocupación: nos han abandonado a manos de perversos que no comparten el valor de la vida honrada y nos consideran ganado sin valor ni calidad humana.

Seamos claros: nos están matando. No nos matan por “ser malos” o “andar en malos pasos”, no por ser “vaquetones” ni “pandilleros”, no por haber levantado manos en violencia ni por ser injustos o victimarios de otro; nos matan por tener hambre y querer salir adelante con el sudor de nuestra frente y la fuerza que nos dieron nuestros padres y abuelos; nos están matando porque tenemos amor a la vida y sólo sacrificándonos barbáricamente se prepara al asesino y al sicario; nos matan porque no podemos matar ni descuartizar o tenemos la valentía suficiente resistirnos a hacerlo; nos exterminan porque tuvimos la osadía de vivir en paz en medio de su México en guerra; nos matan por condiciones que no controlamos ni podemos cambiar. Lo que sabemos, de diversas narraciones coincidentes, es que los reclutas llegaban a su exterminio por buscar trabajo. Los mexicanos no podemos ser “malas personas”, no nacimos para ser un frío sicario; por eso se trata de un exterminio de mexicanos: el mexicano no puede cambiar su naturaleza de persona de bien y, al no ser útil para el crimen organizado, es inevitable que lo sacrifiquen. La palabra correcta para este caso, para lo descubierto en Teuchitlán, Jalisco, es: exterminio.

Cualquier empresa recluta personal, pero ninguna asesina a aquellos que no pasan las pruebas ni se les sacrifica para preparar a los que se quedan. Hay varios testimonios, incluso anteriores al descubrimiento del campo en Teuchitlán a inicios de este mes, constantes en señalar que se reclutaba para unirse a las filas de un cártel y no salían vivos los que se resistían o no pasaban el adiestramiento. Si el mexicano de bien es incapaz de hacerse sicario, simplemente se les extermina en ese campo, pues no sale de él ni un mexicano de bien. No hay opción: aprendes a matar y descuartizar o mueres en el lugar. Así, el propósito del Rancho Izaguirre en Teuchitlán, y otros que existan actualmente en el país, es minar al pueblo de México y extraer de éste brazos que sostengan fusiles, cuerpos que trafiquen y manos que maten bajo las órdenes del crimen organizado.

Por ello, no importa la maroma discursiva que pretenda la Fiscalía General de la República (de quien ya comenté en el pasado respecto a su bajo rendimiento en procesos judiciales) o la Presidenta de la República, lo descubierto en Teuchitlán es un campo de exterminio. Evadir el término que precisamente describe lo que sucede en México es el primer gesto que hace evidente el abandono del Estado Mexicano en cuestión de la seguridad de su población, de su “Pueblo“.

El Estado Mexicano, a lo largo de ya varios sexenios, nos ha abandonado a nuestra suerte, ha venido replegando su presencia y su deber para dedicarse a usar la crisis de seguridad como bandera política. Durante toda mi vida (sexenios de Zedillo a la actualidad), he visto mi país empapándose en grotescos derramamientos de sangre, al tiempo que toda la clase política (sin distinciones de colores o ideales) capitaliza la crisis para fines políticos, se desentiende de la responsabilidad que implica el ejercicio del poder democrático de forma insensible y soberbia y/o demuestra su incompetencia e ignorancia para dar soluciones que produzcan resultados. De ahí que hoy tengamos un Estado Mexicano rebasado por el crimen, incapaz de dar soluciones y combatir el reclutamiento forzado y el exterminio de su población. Se equivocaron todos al subestimar el avance de la delincuencia, Calderón y AMLO por igual, y sus errores y fallas se sintetizan en lo encontrado en el Rancho Izaguirre.

Esta situación demanda, más que culpas, responsabilidad y la aceptación de la situación actual para tener un punto de partida para construir un camino hacia un país más seguro para los mexicanos. Y, estimado lector, estoy seguro de que usted tiene su propia opinión, preferencias e ideales políticos; no los cuestiono ni descalifico, al invitarlo a reflexionar lo siguiente: ¿alguien, con poder público, pudo haber hecho más para atender esta situación? ¿las autoridades deberían esperar el estallido mediático para enfrentar estas situaciones?

Me parece positivo, de inicio, que el Gobierno Federal no haya negado la situación; aunque sí le es reprochable la minimización que ha tenido, la osadía de poner en duda el llamado de auxilio de la comunidad civil, la indolencia de alegar que existe un golpeteo al gobierno de MORENA (cuando son la única fuerza política ejerciendo el poder y no existe oposición real). Es en extremo ególatra creer que toda calamidad es un ataque.

Para muestra, un botón: si alguien seguía dudando de los instintos ferales de Gerardo Fernández Noroña, actual Presidente del Senado; su reacción rabiosa puso en descubierto su lado animal. Solo un “chihuahua” con la realidad alterada e incomprensión de su existencia ínfima en el universo entendería que toda tragedia es un ataque a “su movimiento”. La semana pasada, este personaje de ego desorbitado utilizó de pretexto el día de la Mujer para lanzar odas a su abuelita, que lo quería de Senador al parecer, emulando a López Portillo cuya madre cometió el error de decirle de niño que sería presidente. ¿Hasta la lucha feminista tiene que ver con él, a partir de verse reflejado como López Portillo en los ojos de su abuelita?

Volando a París en primera clase, Noroña retrata de cuerpo completo su hipocresía y el desinterés al pueblo que dice defender. Solo tiene memoria para la lucha de su abuelita, pero no de quien le han arrebatado la posibilidad de tener nietos. Esta tragedia sí requería de una respuesta más enérgica de toda autoridad y no hay nada que reconocer en su patética actuación en los últimos días. Ojalá, Noroña se imaginara ¿qué pensaría su abuelita al ver cómo otras madres pierden a sus hijos y son ignorados, desde el poder, por su nieto, el más sucio y pelado de todos?

No importa que bandera Usted defienda, estimado lector; igual que yo, que las madres de los desaparecidos, igual que los burócratas y policías de a pie, como los que se unen a esta guerra por hambre, como todo mexicano de bien, nos han dejado solos, a nuestra suerte. Seguramente, me podrá conceder, al menos, que la autoridad no ha hecho lo suficiente. Si los poderosos tratan de evitar la palabra “exterminio” es porque estamos ante uno y no contamos con ellos.

Nos queda agradecer que seguimos vivos y tenemos la oportunidad de salir de este peligro. Es una tragedia el encontrarse solo frente a la adversidad, pero es un alivio darse cuenta de que nuestros protectores nos han abandonado. El dejar de cargar con gorrones, falsos y aprovechados es consuelo de valientes.

Se recomienda consultar:

https://www.proceso.com.mx/nacional/estados/2025/3/19/teuchitlan-presunto-sobreviviente-narra-como-escapo-cuanto-les-pagaban-347694.html
https://www.youtube.com/watch?v=Wg_xjyBph_w&list=RDNSWg_xjyBph_w&start_radio=1
https://www.youtube.com/watch?v=W9YHX5H2R_E
https://www.youtube.com/watch?v=59aYlUJvGC8&t=2975s
https://www.youtube.com/watch?v=YItM4eSnxls
https://www.tiktok.com/@politicomx/video/7478442171436190994
https://adondevanlosdesaparecidos.org/2025/03/18/teuchitlan-forma-parte-de-un-circuito-desaparecedor/
https://www.nmas.com.mx/nacional/seguridad/victimas-de-reclutamiento-forzado-rescatan-a-2-y-liberan-a-35-que-habian-sido-detenidos/

Hiram A. Cervantes, Escritor y litigante mexicano