Mi mente como la luna nueva,
serena y oscura como la noche eterna,
sin luz que guíe, sin sombra que tema,
vacío profundo, en mi alma que sueña.
En la calma oscura, mi ser se eleva,
buscando en la noche su paz interna,
en las estrellas frías, mi voz resuena,
y en el eco perdido, se renueva.
En la penumbra, un rayo se cuela,
Iluminando mi senda olvidada,
guiando mi esperanza nueva.
Así, en la noche, mi alma se entrega,
a la paz naciente, de la nueva alborada,
mi mente despierta, en calma nueva.
Mi mente en la noche eterna, busca la luz,
en la conciencia plena, hallo mi guía,
entre sombras y sueños, la verdad fluye,
y en la calma del alma, la paz se infunde.
Las estrellas susurran secretos viejos,
y la luna, testigo de mis desvelos,
ilumina el sendero de mis anhelos,
mientras busco en mi ser, cielos reflejos.
En la noche infinita, hallo el consuelo,
de saber que en mi mente brilla el fuego,
que disipa la sombra y el desvelo.
Así, en la oscuridad, encuentro el ruego,
de una luz interior, faro y anhelo,
que en la noche eterna, me da sosiego.
Enrique Canchola Martínez 29/09/24-11ECM




























