Por Salvador Calva Morales
¿Amantes?
No, no somos amantes.
No, porque el fuego que nos quema
no necesita constancia,
solo estallidos de piel
cuando el deseo nos abrasa.
¿Amigos?
Ni amigos que se llaman ahora con derechos,
pues no buscamos excusas:
solo nos rendimos al instinto,
sin pretextos,
sin promesas,
sin horarios,
solo tú y yo, desnudos.
¿Novios?
No, no somos novios tampoco.
No hay flores ni canciones dedicadas al viento,
pero sí caricias que recorren cada rincón ardiendo,
lenguas que dibujan caminos húmedos en la piel,
gemidos que son nuestra única melodía,
y miradas que se encienden en la penumbra.
¿Qué somos, entonces?
Somos momentos bellos y sucios:
tus manos desesperadas buscando mis latidos,
mis labios atrapando tus suspiros jadeantes,
mi cuerpo fundido al tuyo
en un vaivén sin pudor,
nuestros sexos en un baile salvaje
de placer y sudor
hasta que el último gemido
rasgue el amanecer.
¿Encuentros clandestinos?
Sí, somos encuentros clandestinos,
el roce furtivo en la oscuridad silente,
la ropa en el suelo,
las bragas en mis dientes,
los cuerpos empapados,
las uñas arañando la espalda,
el cabello tirante,
las piernas entrelazadas
como en un nudo eterno,
y el sabor a ti
impregnado en cada rincón de mí.
Somos deseo puro sin etiquetas,
cuando la urgencia nos pica bajo la piel,
cuando el calor entre las piernas nos llama,
cuando la lujuria nos ciega y nos devora,
cuando solo importa el ahora,
el aquí y el sentir,
sin preguntas, sin futuro.
¿Qué importa lo demás?
¿Qué importa el después?
Somos solo carne,
solo alma en llamas.
Eso somos…
Un “casi algo” que arde en cada encuentro,
una fantasía que explota al cerrarse la puerta,
una pasión que se alimenta de lo prohibido.
Somos tú y yo, desnudos
de todo, menos de deseo,
jugando a amarnos
mientras dure el incendio.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























