Por Salvador Calva Morales
Melba…
volver a tu sonrisa es avivar la brasa
que nunca terminó de hacerse ceniza.
Allí, donde la memoria se recuesta,
tu gesto aún respira,
como un susurro que roza la piel
y despierta antiguas luces.
Han pasado años, incontables pasos,
y sin embargo tu rostro sigue intacto,
guardado en ese estante secreto
donde el alma no envejece.
Recuerdo pedirte fotos
como quien suplica una plegaria.
Y en cada imagen tu luz me alcanzaba:
era un temblor suave, un llamado,
la certeza de un latido que regresaba.
Nunca habité el jardín de tu perfume,
ni recorrí los senderos de tu cuerpo;
pero aquel beso mínimo,
tan breve como un parpadeo,
encendía un día entero de felicidad.
Tus labios…
delicada puerta hacia un mundo sagrado.
Y tus ojos Melba, cambiantes como estaciones:
ámbar, miel o verde profundo,
pero siempre abismo.
Hoy te recuerda mi antiguo querer,
y en el resplandor de tu nombre
vuelve a levantarse la llama
que nunca se rindió al olvido.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























