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Nos tocó amarnos a la distancia

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Foto de Alejandra Quiroz en Unsplash

Por Salvador Calva Morales

Nos tocó amarnos a la distancia,
como dos faros que se reconocen en la noche,
sin tocarse nunca,
sosteniendo la luz encendida
solo para que el otro sepa que existe.

Mientras tanto, cada noche le hablo al viento de ti,
le confío tu nombre como si fuera un secreto sagrado
y le pido que, cuando pase por tu lado,
se detenga apenas un instante
y acaricie tu rostro con la misma ternura que guardan mis manos.

Imagino esa caricia viajando en silencio,
rozando tu piel con una suavidad casi invisible,
como si el aire recordara la forma de tu cuerpo
y quisiera demorarse allí,
donde mi deseo aprende a pronunciar tu nombre.

También le pido que te diga cuánto te amo,
que te lo susurre al oído cuando el mundo se aquiete,
para que sientas que hay un pensamiento persistente
cruzando las noches
solo para encontrarte.

Porque hay alguien lejos pensando en ti a cada instante,
alguien que levanta los ojos al mismo cielo todos los días,
que saluda al mismo sol con la secreta esperanza
de que su luz también toque tu rostro
antes de venir a descansar en mi confianza.

Y cuando la luna vuelve a encender el silencio del mundo,
ese alguien vuelve a amarte desde lejos,
con un amor callado, pero profundo,
como una llama que no se apaga,
aunque la distancia intente soplarla:

porque ni la distancia sabe cómo apagar lo que ya es destino.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta