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O.J. Simpson, evasión de un asesinato

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La semana pasada murió OJ Simpson, famoso exjugador de la NFL y protagonista del “juicio del siglo”. Como muchos, lamento su fallecimiento y volteo a valorar su vida a fin de reflexionar. A estas alturas, seguramente, Usted está muy informado o al menos tiene un referente de OJ Simpson a partir de lo que se ha difundido en diversos medios con motivo de su fallecimiento. En particular, recomiendo la columna de Juan Villoro en Reforma correspondiente al día 12 de abril pasado; describe la vida de Simpson como la de un escapista, un corredor en fuga, puesto que varios de los episodios relevantes de su carrera los vivió con el desenfreno de quien escapa por su vida. Estoy muy de acuerdo: OJ Simpson vivió como un constante fugitivo; únicamente, matizo que tal carrera tuvo episodios de decisiones afortunadas, asertivas e inteligentes que le permitieron prolongar la huida de su vida, de éstas se puede aprender.

Querido lector, imagínese que la policía le marca el alto y usted no se detiene; por el contrario, acelera a toda velocidad, eludiendo a toda autoridad y amenazando con quitarse la vida si le intentan detener; considere que está bajo sospecha de ser el autor de un homicidio doble, con múltiples pruebas en su contra y, a pesar de semejante e imprudente persecución motorizada, sale libre de cargos meses después. El sentido común de muchos llevaría a dudar de la inocencia de quien huye y tal persecución no mejora la expectativa del caso. Ese es el escenario del juicio del siglo, el anterior siglo y el anterior juicio (al juicio del Chapo Guzmán se le llamó de la misma forma).

¿Usted ha visto a un cirujano operarse a sí mismo, sin asistencia? Me resulta hasta imposible concebir el escenario. Pues, de la misma forma, el procesado no puede conducir su propio asunto, requiere de la opinión experta y externa que pueda analizar sin la presión de resentir las consecuencias de la estrategia. En mi opinión, hay una decisión fundamental en esa historia: OJ Simpson consultó a un abogado y tuvo siempre acceso a un consejo legal de alta especialidad. Efectivamente, el fallo absolutorio y la controversia que generó el caso no se explican sin la existencia del equipo de abogados que llevaron el juicio. De no haber acudido a un abogado competente, OJ Simpson probablemente hubiese sido condenado en tal juicio, como muchos otros en escenarios similares. Este caso no es un ejemplo de justicia ni puso en perspectiva que la brecha racial se había superado en el campo del derecho penal norteamericano; este juicio nos demuestra que la debida defensa es un privilegio al alcance de pocos. Si OJ, en su desenfreno, no hubiese acudido a consejo legal competente, estoy seguro que habría cometido tantas equivocaciones que habría estado en prisión desde 1995. Entonces, ante el peor escenario legal, no es aconsejable que el interesado tome todas las decisiones por su cuenta, requiere de consejo externo.

El contar con un buen abogado hace la diferencia; en el caso de OJ, esa diferencia se materializó en el llamado dream team. Originalmente, OJ contrató a Robert Shapiro, un conocido abogado entre círculos de famosos de Estados Unidos. Al verse superado por la magnitud del caso y su pronóstico adverso, convocó a diversos colegas suyos para colaborar con sus especialidades y montar una defensa ante el apabullante material probatorio en contra de Simpson; así nació el dream team. El equipo fue conformado por 11 profesionistas: Robert Shapiro, Johnnie Cochran, Robert Kardashian, F. Lee Bailey, Alan Dershowitz, Barry Scheck, Peter Neufeld, Gerald F. Uelmen, Robert Blazer, Carl E. Douglas y Shawn Holley. No eran cualquier conjunto de abogados, varios de ellos eran profesores y autoridades en su materia; por decir algo, Alan Dershowitz fue profesor de derecho en Harvard; Barry Scheck y Peter Neufeld son expertos en análisis de ADN y son los fundadores de Innocence Project, una organización privada que se dedica a impugnar sentencias definitivas en las que se condenó incorrectamente, haciendo uso de la tecnología y la ciencia para ello; Johnnie Cochran era un apasionado defensor legal con una carrera muy activa en la lucha de los derechos de personas vulnerables. La experiencia y habilidad conjunta del equipo era impresionante y, en mi opinión, fue el factor decisivo para que OJ evitara una sentencia condenatoria.

Cualquiera puede salir ante cámaras y medios y alegar que se le está imputando incorrectamente un delito, que se trata de una agresión racial o una persecución política, pero sólo un litigante experto puede llevar esa narrativa al Juzgado y administrar cada decisión para convencer de su validez. Considérese que durante el interrogatorio a uno de los peritos (el Sr. Fung), Barry Scheck logró hacer ver al experto como una persona descuidada en el tratamiento de muestras y hallazgos de la escena del crimen. ¿Por qué si había tantas pruebas tangibles en contra de OJ, se le absolvió? Pues porque su defensa se empeñó en hacer ver como incompetentes a los expertos de la fiscalía y racistas a sus detectives, porque combatieron y pusieron en duda cada aspecto del rigor profesional de los peritos, y convencieron al juzgado de que las pruebas eran inadmisibles o que tenían un menor valor probatorio. También, fueron estratégicos para acorralar a los testigos de la fiscalía: F. Lee Bailey consiguió que uno de los principales detectives del caso perdiera toda credibilidad, al transparentar su racismo con sus respuestas. Incluso, el diseñar los alegatos de clausura, las conclusiones del caso por cada una de las partes, implica conocimiento, experiencia y talento; eso se vio demostrado con la elegante oratoria de Johnnie Cochran, quien sintetizó de forma brillante el argumento de la defensa en la siguiente frase: “If it doesn’t fit, you must acquit” (Si no cabe, ustedes deben absolver). Cochran se refería a un par de guantes que formaban parte del material probatorio, pero que la defensa sostenía que eran demasiado pequeños para OJ Simpson. Cada elemento del equipo cuidó de una parte de la narrativa para convencer al Jurado.

Ojalá, Usted nunca se encuentre en el terrible escenario de requerir un abogado penalista para defenderle en juicio. Pero, llegado el día de los problemas, cuando el escenario sea un juicio, mi consejo fundamental es: no se opere usted mismo la rodilla; la talacha es para la carcacha familiar, no para sus asuntos legales; busque inmediatamente a un abogado litigante. Probablemente, ni usted ni yo, tendremos al alcance los servicios de abogados del calibre de OJ Simpson; sin embargo, el acudir sin consejo legal es impensable e imprudente. ¿Cómo fue que OJ Simpson evadiera una acusación por asesinato, aun después de haber huido al arresto? Pues, primeramente, no montó su defensa conforme a consejos de foros en internet; tuvo abogados y les dejó trabajar en lo suyo, ese fue su primer paso, y el más importante, hacia el veredicto absolutorio que resolvió el juicio del siglo (XX).

Hiram A. Cervantes, Escritor y litigante mexicano