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Orgullo de la dulce entrega

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Imagen de Andrea Baratella en Pixabay

En el jardín secreto donde fluye el deseo
se alza el anhelo,
y en el roce más suave
se disipan las barreras que el cuerpo encierra.

Se desata el fuego,
donde el alma es nave.
Aquí la meta no es solo el placer fugaz,
es su clímax, es la cima,
es la paz más grave.

En su piel vibra el eco de un suspiro robado,
como el viento que se cuela entre ramas inquietas,
y en el temblor de su ser,
el universo calla.

Cuando su esencia,
como cascada, se liberta,
es un festín divino,
un dulce elixir de miel.

En la tormenta de su éxtasis, todo se sujeta;
su cuerpo expuesto
brilla con la luz del alba,
sus gemidos son el canto de un mar profundo.

Y en cada contracción,
el cosmos se detiene,
como si el tiempo
en su placer fuese un segundo.

Yo, testigo, bebo de su manantial sagrado,
donde nace la vida y el amor fecundo.
Las sábanas se aferran como raíces de un árbol
y sus piernas temblorosas buscan la tierra.

Pero en ese momento,
ella es aire, ella es agua,
desprendida de todo,
más allá de la guerra.

Su cuerpo cae extasiado,
un templo rendido,
y en mí queda el orgullo de la dulce entrega.
Cada espasmo que recorre su piel desnuda
es preludio de un gozo que no tiene fin.

Un regalo envuelto en jadeos y suspiros,
donde soy tu guía, amante y al fin confín.
Ella, mujer completa, me ofrece su universo,
donde las barreras mueren
y todo es por fin.

Y cuando todo fluye en el vaivén del deseo,
las almas se encuentran sin miedo ni frontera.
Pues en el arte de amar
no hay más que libertad.

En el orgasmo compartido, el cielo espera,
y en sus brazos rendidos te espera el paraíso,
donde el amor y el placer en uno se transforman.

Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta