Hay poemas de belleza diferente,
los eruditos los despedazan con precisión,
porque buscan la perfección en la forma
y se pierden de su esencia.
Hay versos que son medicina suave,
no cortan la piel ni arrancan lo que duele,
y aun así, sanan lo profundo, lo invisible;
son sombra en el desierto,
palmada en el hombro de quien camina solo,
fuego que enciende la esperanza
cuando el invierno cala los huesos.
No por ser humildes dejan de inquietar.
Son la voz que se alza sin estruendo,
el alma que no se rinde.
Resistencia silenciosa,
canto que despierta al alma dormida
como un haz de luz en medio del sueño.
Son versos que algunos se rehúsan a escuchar,
porque llevan la verdad en su raíz,
son canto de lucha y consciencia,
la chispa que arde sin mostrar su llama
y toca el corazón sin pedir permiso.
Estos poemas no necesitan aplausos.
Son compañía en la noche más oscura,
una mano que tiembla en el aire frío
y, sin embargo, bastan para alumbrar el camino
del que busca respuestas sin reflectores.
Abel Pérez Rojas #Abelperezrojaspoeta
































