Por BrendaCarolMorales
Esta serie de publicaciones se inició con la lectura de algunos poemas de la VI Antología Internacional de Poesía SabersinFin. Y, si bien analizaré poemas de otros autores, también incluiré a autores de la antología, como un aporte a tan magnífico proyecto.
Por ello, el día de hoy analizaré el poema publicado por Ariana Magaña Narváez, quien, tal como aparece en la antología, es directora de teatro, actriz, astróloga y escritora; autora de múltiples obras dramáticas presentadas en diferentes teatros de la ciudad de Puebla y otros estados de la República Mexicana.
Morfeo se fue de fiesta
Ariana Magaña Narváez
Le dije a la poesía
que se fuera a dormir a otro lado,
que se llevara las estrellas de la ventana
y mi corazón roto.
Me cubrí hasta la cabeza,
le pedí al poema que se durmiera por esta noche
y le apagué la luz a la tristeza…
Eché de mi cuarto a los recuerdos,
pero la memoria ha parido tu nombre.
Ya no puedo seguir perdiendo sales
y desafiando al sueño.
Se multiplican los versos
pero yo,
estoy cansada de morir a cada minuto.
Me tiemblan los huesos
y las manos,
el párpado y la voz…
Tu sonrisa y la luna
se pasean en la cortina,
quiero salir disparada de este cuerpo
arrancarme el traje del dolor
y fundirme en la esperanza.
Esta noche tengo una guerra interna,
del armario salen sombras siniestras
y rasguña bajo la cama la inspiración.
Soy una niña que se ovilla
y grita bajo las sábanas,
porque afuera todo le acecha.
Hoy que quería apagar las letras
Morfeo se fue de fiesta
y tú vuelves a mí
disfrazado de poesía
a tocarme el corazón…
El poema inicia con un mandato a la poesía: que se vaya de la habitación. El yo lírico se muestra agotado, cansado de sentir. Y le atribuye a la poesía y a los poemas una presencia viva a la que hay que poner límites, porque se deja acompañar de sentimientos que no se quieren o no se pueden soportar. No se puede dejar de lado que la poesía tiene un espacio en la intimidad del yo lírico: en la habitación y durante la noche. Pero en las circunstancias que señala, no es un acompañante agradable. Como cuando se pelea con la pareja, la envía a dormir a otro lado, le pide que se duerma, trata de no verla ni escucharla. Pero la poesía es insistente y, como cuando los niños tienen miedo ante algo que intuyen peligroso, el yo lírico se cubre totalmente, para tratar de no verla.
En los siguientes versos revela la causa de su dolor: la ausencia de la persona amada. Sin embargo, esa ausencia no implica olvido. Al contrario. Pese a los esfuerzos por no recordar, hay un dolor sostenido, un duelo aún abierto porque todavía hay una herida afectiva que no se ha cerrado. Todavía hay apego. La metáfora «La memoria ha parido tu nombre» plantea una situación muy fuerte: los recuerdos no solo no se van sino que hacen que la persona ausente renazca en la memoria con dolor, como cualquier parto.
La poesía se presenta en múltiples versos que no pueden ser callados pese al agotamiento. Este estado de duermevela poético le hace sentir que muere a cada instante. El yo lírico está cansado de llorar, de recordar, de pensar versos que lo remiten a esa persona que quiere olvidar. El agotamiento emocional lleva al agotamiento físico. Su ser interior y su cuerpo colapsan.
Por primera vez en el poema, habla a la persona ausente, que invade cada espacio de la habitación. El yo lírico se siente acorralado y en lucha. Quiere dejar de sufrir ese estado en el que se mezcla el miedo infantil a la oscuridad y a lo escondido, con su vulnerabilidad e indefensión ante ese recuerdo que acecha, como antes lo hacían los monstruos de la infancia. De allí que regrese a la postura fetal, como una manera de buscar protección no solo del dolor sino de la inspiración que la acecha. La creatividad se ha vuelto un problema: la lleva a pensar poemas que derrapan recuerdos. Por eso, pretende despojarse de ella misma porque su yo actual es intolerable. Y, cuando habla de fundirse en la esperanza, esta se plantea como una alternativa. No se refiere, creo, a la esperanza del reencuentro sino como a la posibilidad de descanso.
Agobiada, emite una pequeña queja, no desde el victimismo sino de la aceptación de lo que sucede: «quería apagar las letras», no escribir. Sin embargo, no lo logra y lo acepta. La imagino en ese instante, saliendo de la cama a escribir a raudales. El recuerdo del amado se mezcla con la poesía. Esta, al final, es el vehículo utilizado para expresar lo que siente.
Pese a la resistencia a escribir, es la poesía la que le permite explayarse, manifestar el dolor y los recuerdos que se entremezclan, hablar de alguna manera al amado ausente y vivir por medio de ella, sus sentimientos más intensos y puros.






























