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Reflejo

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Imagen auspiciada por PÏXABAY, proporcionada por DGSstudios

Ente trastornado, anémona, lagarto.
Así es él en la tierra
Y en las inmediaciones,
En el cielo y su contraparte.

Va vislumbrando el mundo
Despacio y sin atajos.
Porque el sino lo manda,
Porque su espíritu lo indica,
A pesar de un sentimiento
Permanente de pérdida
Sólo evita el pantano,
El precipicio y la caída.

Está hecho de luz
Vibrante al tacto
Posee oscuridad en su centro.
Busca un espacio de agua
Donde descansar el cuerpo
Y revivir lo inanimado.
Va dejando
Su estela inolvidable.

Sangra a veces por los seres amados,
Busca un refugio,
Una laguna en calma
Donde disolverse
Y regresar a su esencia.

Transita un segmento de tiempo, de espacio,
Peculiar e incierto.
Cabalga al lado de los cuatro jinetes
Del apocalipsis. Irreverente, solitario,
Vuela vigoroso, brilla en lo alto.

Muchos sueños conforman su trazo,
Ánforas olvidadas,
Maravillas distantes, y un ocaso que se abre
Después de la tormenta.

Lo embelesa la hierba, húmeda,
Fresca. Marca firme su huella,
Se anticipa a los sucesos.

Todo es crucial para esa idea
Que flota dentro de la esfera
Que lo conduce.
Sigue a su intransigencia,
Lleva un llanto interior
Y sólo desea la paz de su quebranto.

Dónde desembocará su andar.
En que ojo de agua diluirá
Su sed antigua.
Viene dejando sus pisadas,
Transformando su escenario.
No se detiene.

Jinete trágico
Salido de una palabra de amor,
De una coincidencia.
Persigue estérilmente una verdad
Un porvenir incierto, melancólico,
Inscrito en roca, maldito.

El tiempo vivido
Palpita en el instante,
Penetra la ergástula del destino
Su cuerpo ya sea que muera
Infame o glorificado.
Para un momento levitante
No importa.
Para un conjuro lanzado al viento
No importa.

Los jinetes cabalgan…

Xóchitl Niezhdanova, Poetisa Mexicana