ConoSer Bien
Abrazar es un acto innato en los seres humanos y en algunos animales. Es una forma de comunicación emocional que permite expresar sentimientos de empatía, amor, apoyo, consuelo y comprensión, todo esto sin necesidad de palabras. De acuerdo con varios estudios científicos, la práctica de abrazar puede ayudar (al que lo da y al que lo recibe) a la salud tanto física como mental.
El abrazar ayuda a disminuir los niveles de estrés y ansiedad, reduciendo la presión arterial y el ritmo cardíaco, lo que mejora el flujo sanguíneo y ayuda al sistema inmunológico, en virtud de que se segrega oxitocina (hormona de la felicidad), se libera serotonina y dopamina (encargadas del buen humor), generando una agradable sensación de armonía, plenitud y seguridad, aportando un sentimiento de bienestar para el cuerpo y el alma. Se ha comprobado que el acto de abrazar reduce también las probabilidades de padecer demencia.
La palabra “abrazo” proviene del latín y significa “acción de rodear con los brazos”. Sus componentes léxicos son: el prefijo ad- (hacia) y braccium (brazo). El Diccionario de la Real Academia Española define el abrazo como: “Estrechar entre los brazos en señal de cariño”. De aquí que el abrazo lo considera como “Acción y efecto de abrazar”.
El abrazo tiene un significado simbólico y se asocia con el concepto de paz, encuentro, acogida y protección. En la cultura de Occidente, el abrazo ha sido utilizado como icono de la reconciliación entre bandos enfrentados y para ilustrar el final de la guerra.
Cuando se abraza, o se es abrazado por alguien, se produce la estimulación de los receptores de presión que hay en la piel (sentido del tacto) y se desencadena una serie de eventos que es lo que hace que se sienta placer y relajación.
En la Biblia, el abrazo es un símbolo de protección, refugio, y consuelo. En varios pasajes de la Biblia se menciona el abrazo, en Lucas 15:20, en la parábola del hijo pródigo “Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio y se compadeció de él; salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo besó”. El padre corre a abrazar a su hijo sin juzgarlo, lo que sanó las heridas emocionales del hijo. En Génesis 45:14 “Y abrazó José a su hermano Benjamín y comenzó a llorar. Benjamín a su vez también lloró abrazado a su hermano José”.
Abrazar es una forma de dar amor y de acariciar el alma de los demás. Se ha demostrado que las personas que dan y reciben muchos abrazos tienden a ser más saludables y a tener menos enfermedades. Además, cuando se abraza a alguien se están quemando alrededor de 12 calorías, por quien abraza.
La Navidad puede exigir adoptar cierta actitud y el estar en un determinado estado de ánimo, lo que puede provocar frustración o rabia si no se cumple. También genera presión social sobre todo para organizar reuniones y comprar obsequios a las personas más cercanas.
Es en esta temporada navideña en la que el ser humano se siente por un lado alegre y motivado para celebrar las fiestas, preparándose para regalar, haciendo a un lado el tiempo de reflexión que nos provoca esta fecha. Pero en otras personas esta temporada genera depresión y angustia.
La depresión navideña puede tener varios orígenes, entre ellos: La disminución de la luz natural ya que la falta de ésta en los meses de invierno puede provocar una disminución de la serotonina, sustancia química que actúa como neurotransmisor y hormona en el cuerpo humano, que influye en el estado de ánimo. En diciembre, aumentan un 40% los casos de depresión y suicidio¹ en la población general.
Este síndrome depresivo estacional, también conocido como SAD (Seasonal Affective Disorder), es una respuesta del cerebro a la disminución de la exposición a la luz natural. Además de que la Navidad puede ser una época solitaria para las personas que tienen una red social y familiar insuficiente o insatisfactoria.
La ausencia de un ser querido provoca también en esta temporada navideña tristeza, nostalgia, ansiedad, dificultad para conciliar el sueño, apatía, el preferir estar solo sobre todo en las personas que han perdido recientemente a alguien cercano.
En muchos lugares la celebración de la navidad ya no está necesariamente ligada a la tradición cristiana, ni a una creencia religiosa, la navidad ha trascendido los límites de la religión y tiene como símbolo a Papá Noel (también conocido como San Nicolás y Santa Claus), un personaje inspirado en un obispo griego, que se encarga de llevar regalos a los niños de todo el mundo al llegar la media noche.
En la actualidad los festejos son llevados a cabo por gente que no practica de manera ortodoxa alguna religión, y principalmente se centran las fiestas en la comida y los regalos, en lo sofisticado y llamativo del árbol, sin nacimiento, y en lo numeroso de las reuniones ya sean familiares o sociales.
La Navidad recuerda a las personas sus problemas económicos, la lejanía o la muerte de seres queridos, las rupturas amorosas y problemas familiares. Igualmente es la época del año en que las personas evalúan si cumplieron sus metas trazadas o no.
En un mundo cada vez más virtual, los abrazos nos recuerdan la importancia insustituible del contacto humano en nuestra vida diaria. Nos expresa Paulo Coelho en su libro Aleph expresa: “Dice la tradición que cada vez que abrazamos de verdad a alguien, ganamos un día de vida.”
¿Podrían los abrazos cambiar la vida? La respuesta es un rotundo sí. Abracemos, amable lector, sobre todo en esta Navidad, hasta alcanzar la inmortalidad.
Jorge A. Rodríguez y Morgado, titular de la columna y el programa ConoSER bien. Twitter: @jarymorgado, correo electrónico: jarymorgado@yahoo.com.mx. Colaborador destacado de: Sabersinfin.com
Referencia:
https://psicologiacatalunya.es/la-depresion-navidena/






























