Inicio Poemas Sensibilidad, reconocimiento póstumo a Dany Dharma

Sensibilidad, reconocimiento póstumo a Dany Dharma

399

Por: BrendaCarol Morales

Justo la semana pasada estuve tentada de dejar para después el análisis que ya había trabajado y darle espacio al poema que hoy analizaré, de Dany Dharma. Sin embargo, con las prisas del día a día, desistí porque no me daría tiempo para publicarlo el domingo. Por ello, me sentí consternada cuando, ese día, Abel publicó un mensaje de despedida a su amigo, a quien tuve oportunidad de conocer. Con Dany conviví en Puebla, en la entrega de la VI Antología Internacional de Poesía SabersinFin. Muy afable, compartimos algunos comentarios antes de iniciar la actividad. En ese momento no habría imaginado su deceso.

Por lo que he leído acerca de Dany Dharma, considero que para él la muerte era un estado transitorio. Además, su poesía permanece como testimonio de su «serencia». Por ello, no se me ocurre mejor homenaje que analizar uno de los poemas que escribió para la VI Antología. Dany Dharma nació en México, D.F. Era instructor de meditación, coach de vida y escritor. Incursionó en la literatura a partir de 2015. Participó en talleres de estilo y género, cuento, poesía, ensayo y escritura lúdica. Su primer libro, IPoemario, se publicó en septiembre de 2022. Además, participó en todas las antologías de SabersinFin publicadas hasta ahora.

Con respeto y hasta el plano donde ahora se encuentra, va este análisis.

Sensibilidad

Por: Dany Dharma

Hoy, me permito tener el privilegio de sentir,
aceptar mis aflicciones, llorar hasta vaciarme,
dejar resbalar las lágrimas por mis mejillas,
probar su sabor amargo, rociar con ellas la tierra.

Hoy, sin miedo, me atrevo mirar hacia mis adentros,
observar el angustiante latir de un glaciar que se desliza
en busca de aguas cálidas y de un corazón taciturno,
que, jubiloso, clama al ver la serenidad que se aproxima.

Hoy, al cabo de mucho tiempo, por fin me doy cuenta
de que mis pensamientos, empañados por la espesa bruma,
son producto de historias ajenas refugiadas en mi mente,
de tormentas que atosigan mi alma con dureza inefable.

Hoy, reconozco esta sensibilidad que me acompaña,
y digo adiós de una vez por todas a los desalientos,
me aventuro a dejar atrás la tristeza, el dolor insulso,
y abrazar con serenidad mis nuevas emociones.

Para iniciar, analicemos la forma en que se presenta el poema. Los versos son largos, con rima libre. Este tipo de rima acompaña y sugiere la idea de liberarse de imposiciones. El poema se permite fluir con libertad. Por otro lado, los versos largos —cargados de enumeraciones y oraciones subordinadas— imitan el desborde emocional. No hay mucha contención, lo cual es congruente con la idea de «vaciarse», que aparece en el poema. Asimismo, crean una sensación de expresión en voz alta de los pensamientos.

También se nota el uso de la anáfora «hoy» en todos los párrafos. Esto no constituye una redundancia. La repetición de la palabra en todas las estrofas reitera la decisión consciente. Además, refuerza la idea del proceso y evolución emocional. Marca actos de conciencia. Cada «hoy» es un paso en la sanación. Constituye una declaración constante de algo que está en proceso, formándose.

Al analizar el sentido del poema, notamos que en la primera estrofa, el yo poético inicia un proceso de autoexploración en el que la sensibilidad no es vista como debilidad. La abraza convencido de que es un privilegio poder sentir y expresar las emociones. Se inicia el rompimiento con patrones culturales heredados: «los hombres no lloran». Además, le da un valor transformador a las lágrimas derramadas. No solo permiten expresar la aceptación de la aflicción sino que sirven para fertilizar. El sufrimiento se vuelve productivo. En esta estrofa, notamos una necesidad de hacer catarsis, de darse permiso para sentir y llorar.

En la segunda estrofa, hay un proceso de exploración interna. El yo poético otea su interior con valentía. La metáfora del segundo verso es muy potente: «observar el angustiante latir de un glaciar que se desliza». El yo poético se atreve a ver el glaciar. Este representa emociones contenidas, frías, lentas, pero vivas. Su búsqueda de «aguas cálidas» simboliza el deseo de conexión emocional y de ternura. La conexión produce júbilo y aprecio por la serenidad, como un corolario a esa exposición sincera y sin temor.

En la tercera estrofa, se comprende y se manifiesta con claridad el origen del dolor. Los propios pensamientos están «empañados por espesa bruma». Reconoce, después de mucho tiempo, que sus pensamientos son producto de una distorsión externa a él. En congruencia con algunas ideas de culturas orientales, así como con planteamientos de Bert Hellinger y sus constelaciones familiares, se sugiere que no son ideas surgidas de la nada o de sí mismo. Son producto de la herencia, del contexto familiar y social. Esto sugiere una pérdida de identidad emocional, como si el yo hubiera cargado dolores que no le pertenecían. Al reconocer el origen y soltarlos, se afinca en el camino a la sanación.

Por último, se llega a la sanación anhelada. Hay aceptación de la sensibilidad y finalización del desaliento. Reconoce que en esa etapa de su vida, la tristeza y el sufrimiento han llegado a ser insustanciales, en tanto que el cambio le produce serenidad. El yo poético logra sentir calma madura en medio de las situaciones de la vida. Pasa de lo doloroso a lo esperanzador sin aspavientos ni brusquedad. Al contrario, tal como está escrito, manifiesta la paz ganada. Vemos que en esa estrofa no hay metáforas oscuras, lo que refleja la claridad recién alcanzada.

El mensaje final refuerza lo que el yo poético plantea desde la primera estrofa. Se ha decantado por la sensibilidad. Esta no es debilidad sino valentía. Después de todo el proceso de catarsis, exploración y comprensión, la sensibilidad se acepta como una elección consciente y transformadora que permite ver y vivir cada aspecto de la vida —y la muerte— con serenidad y paz.

Con respeto y admiración a Dany Dharma.

BrendaCarol Morales

Escritora y académica guatemalteca. Forma parte del equipo de analistas de Poesía Lunar de SabersinFin. Además, es asociada activa de PEN Guatemala, curriculista, catedrática de EFPEM, USAC y exbecaria de la Real Academia Española de la Lengua.