– La Historia Jamás Contada –
Una de las cuestiones no resueltas e incluso ni siquiera planteadas respecto a los conocimientos escolares, para que dejen de ser puramente escolásticos, es decir, de aprender y recitar, como si fuera catecismo y se conviertan en eficaces, puede sin embargo ser abordada creativa y productivamente con sólo incorporar aquéllos al mundo real, aprovechando su potencial al tiempo que actualizándolos al adaptarlos a situaciones en curso.
Todo sin necesidad de la metafísica “epistemología del Sur” (?) que el régimen pretende imponer como doctrina educativa oficial para garantizar el desarrollo intelectual independiente –“de los valores del Imperio”, le falta decir- de quienes asisten a la llamada “nueva escuela mexicana” (??).
Un ejemplo que ilustra cabalmente lo que afirmo en el primer párrafo, fue la propuesta que hace 20 años, en 2003, hice a un amigo profesor de Física en una Preparatoria, de diseñar pública y experimentalmente, en pleno Zócalo de la ciudad, una RAMPA PARA SILLA DE RUEDAS, mostrando didácticamente todos y cada uno de los pasos involucrados en el proyecto, en el que concurren muy diversos campos del conocimiento, tanto teórico-académico como práctico, incluido el de orden puramente manual pero también el estético, que contaría ahora como la “A” -en inglés, “Aesthetics”- del modelo STEAM: Science, Technology, Engineering, Mathematics.
Mi amigo siempre no se animó y ahí quedó la idea, como tantas otras con futuro no sólo técnico sino cívico al mostrar a la gente cómo mejorar sustancialmente la vida en la ciudad recurriendo a conocimientos escolares específicos y aplicándolos creativamente al mundo real, pues como nos consta a quienes cultivamos la imaginación inventiva, la mayoría de las veces basta con el conocimiento preciso en el momento oportuno para dar con la ansiada solución, al margen de cualquier consigna ideológico-política de “servir al Pueblo”: eso queda para los demagogos, que de ello viven… y muy bien, además.
¿Pero cómo llevar al terreno práctico conocimientos esencialmente abstractos? Hay diferentes maneras, comenzando por la trivial e intuitiva conocida sarcásticamente como el “método científico del tanteo” -que suele degenerar en “tonteo”-, cuya principal y definitiva desventaja es salirse de control prolongándose aleatoria e indefinidamente.
Pero hay una, la empírica consciente, que se apoya en la expertise o experiencia acumulada, interiorizada en un individuo con el que se puede dialogar e intercambiar la información pertinente para conectar certeramente conocimientos y hechos, evitando tanteos inútiles, con la única limitante de que estos últimos (propiedades, fenómenos, etc.) sean hechos con los cuales esté familiarizada la persona en cuestión.
Y con la invaluable ventaja adicional de que este personal YA existe en el organigrama escolar. De hecho, es el que imparte la asignatura de ACTIVIDADES TECNOLÓGICAS (antes, TALLERES) en sus diferentes especialidades. Sólo habría que diseñar los protocolos de comunicación y NEGOCIAR los términos en que se daría esta colaboración teórico-práctica entre profesores(as) de materias (o ciencias) “puras” y sus traductores-adaptadores al mundo real, es decir, los encargados de convertirlos en “aplicadas”: el personal TÉCNICO precisamente.
Por cierto, esta combinación también funcionaría con los expertos en saberes tradicionales, comunitarios o de otras fuentes, con tal de ser incorporados en igualdad de condiciones al organigrama profesional de la escuela.
¿Qué opinan ustedes?

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey) es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.






























