Como una daga siento el temblor de tu aliento en mi cuello,
tus manos titubean y después se afirman,
la piel despierta bajo suaves dedos,
el roce persistente, la urgencia indomable.
Luego, tu blusa cediendo lentamente,
botón tras botón, caricia tras caricia,
la tela se rinde como mi voluntad,
como mi boca buscando la tuya.
Tus hombros al descubierto,
un susurro contenido,
el eco de dientes trazando un camino,
y el roce, el suspiro, el deseo en tus muslos,
la dulzura desbordando el cauce encendido.
Cada prenda es una batalla que compartimos,
un pacto sellado entre beso y mordida,
las sombras danzando sobre los espejos,
tus piernas reclamando lo que ya es suyo.
Y el ritmo se rompe,
se vuelve voraz,
las uñas se aferran,
la cumbre nos llama,
y en cada encuentro me vuelvo tu refugio,
y en cada susurro te vuelves mi anhelo.
Al fin el abismo, el clímax,
la resolución,
la dulce sentencia de amarnos sin fin,
el mundo sometido a nuestro fervor,
y los cuerpos marcados con la tinta de la pasión.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























