Por Salvador Calva Morales
Que inaugures la aurora con una sonrisa translúcida,
mientras mi amor etéreo e invisible te circunda,
abrazándote en la lejanía como un susurro cálido
que no conoce distancias, ni fronteras, ni penumbra.
Anhelaría trocar esta vigilia de mensajes inciertos
por el fulgor tangible de tu aliento en mi mejilla,
despojar al tiempo de su tiranía silenciosa
y besarte sin relojes, sin pantallas, sin orillas.
Es como si mis brazos, en su terco anhelo,
urdieran imposibles para alcanzarte ahora,
aunque la realidad me niegue tu presencia
y solo me conceda evocarte en cada hora.
Nada se equipara al prodigio de tenerte cerca,
a la verdad irrebatible de sentirte viva en mí;
porque contigo no codicio vocablos efímeros,
sino instantes perpetuos que rehúsen fenecer así.
No hallo la sintaxis precisa de este incendio,
pero mi corazón ostenta un rótulo vehemente:
“Vuelve ya”, clama en letras de latido incontenible,
como un grito mudo que resuena eternamente.
Y que en cada instante percibas, aunque distante,
que alguien te piensa con ternura indeclinable;
porque amarte así, en la lejanía doliente,
es custodiarte en silencio…
es amarte, es extrañarte.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta




























