Por Salvador Calva Morales
“Vuelve ya”, susurra mi pecho en su idioma más secreto,
como un ruego de seda que no conoce el olvido.
Cuánto daría por hurtarle un instante al destino
y regresar, aunque breve, a tu universo querido.
Para ceñirte en un abrazo de tibieza infinita,
o posar en tus labios un beso leve y sincero,
o simplemente habitar unos minutos contigo,
donde el tiempo se rinde y se vuelve pasajero.
Hay un vacío arcano que solo tú descifras,
una oquedad callada que tu presencia ilumina sin ruido;
y cada día sin ti se dilata en la ausencia,
como un verso inconcluso, como un latido perdido.
Jamás desertarás de mi vida ni del fuego que te nombra;
serás siempre la mujer que mi alma ha consagrado.
Y en cada instante, aunque el mundo nos distancie,
habrá ternura pensándote en silencio, a tu lado.
Añoro oírte entonar con tu voz cristalina
aquellas melodías que en mi memoria residen:
Bésame mucho, Contigo en la distancia, Contigo aprendí,
o cualquiera que tu dulce voz ilumine y dignifique.
Saber cómo te fue en el día,
y si acaso me pensaste un instante;
esas nimiedades tuyas que en mi pecho se expanden
como pequeñas eternidades palpitantes.
No verte ha sido un trance de nostalgia infinita,
mas confío en el día en que vuelvas a mis brazos.
Correrás hacia mí —o eso anhela mi esperanza—,
y será como volver a casa…
donde siempre fue contigo, mi amor.
Salvador Calva Morales #Salvadorcalvamoralespoeta






























